“Un duelo entre hechiceros sólo puede comenzar
cuando se establece El Desafío Sagrado”
Wallace Geoffrey Guy: Wizards and Warlocks
5 – Al Zagrâbb
Ulises Oliva se quedó en silencio.
Khârmy Bân Qâi desviaba la mirada. No se animaba a ver al muchacho a los ojos.
El Rinöko se rascaba la cabeza, incómodo, mientras balanceaba su hacha como si fuera un péndulo.
–No sé si esté preparado –dijo sombríamente Ulises.
–El entrenamiento de todos estos meses te prepararon para esta noche, Ulises Oliva –dijo el viejo especular con pesar–, así que no debes de preocuparte.
Ulises lo miró y enarco una ceja.
–Viejo, YO voy a arriesgar mi vida en este duelo. Vos seguís ahí encerrado dentro de un espejo.
–Cada uno carga con el peso de las cadenas de su destino inevitable.
–En vez de ponerte poético, Khârmy, podrías hacer algo para evitar que me pase todo esto. No tengo ganas de morir. Soy muy joven todavía.
–Yo voy a estar contigo en espíritu, Ulises Oliva.
–Estaría mejor que me acompañaras.
–Lo haría con gusto. ¿Puedes acaso sacarme de este espejo, Ulises Oliva?
–No. No puedo –refunfuñó Ulises.
–Estaré en espíritu, muchacho, en espíritu.
“Yo te podría ayudar”, pensó el Rinöko.
“¿En serio?”, pensó Ulises dándose vuelta, con un dejo de esperanza.
Khârmy chasqueó los dedos con ambas manos al mismo tiempo y pronunció La Negación de Ûthra.
El Rinöko se esfumó en el aire.
Ulises miró al hechicero con bronca, ya que, en esos ocho meses, se había encariñado mucho con el hombre rinoceronte, al que ya consideraba casi un amigo.
–¡Sos un viejo puto!
*
–¡Estas milanesas están riquísimas, Jul… mamá! –dijo Ulises mientras llevaba un enorme pedazo de milanesa a la boca.
–La Julia nunca pierde su toque, ¿no, Uli? –le dijo Carlos guiñándole un ojo.
–Nunca vas a perder ese toque, por más años que pasen. Siempre vas a ser la mejor, Mamá.
–¡Ay, chicos! –exclamó Julia complacida–. ¡Ustedes siempre van a ser mis hombres más queridos!
–¿Acaso hay otros más, mi Julia? – preguntó Carlos haciéndose el enojado.
–Vos siempre vas a ser mi único rey, mi Carlos –le respondió Julia dándole un beso tierno y prolongado.
Ulises vio a sus padres besarse con tanto cariño, que imaginó cómo podría ser su vida junto a Marissa Andino, casados, con un amor como ese, y unos cuatro niños dando vueltas por un hogar grande y confortable.
Julia tomó la mano de su hijo y le dijo, con una sonrisa hermosa:
–¡Y vos siempre vas a ser Mi Principito, Uli!
Con lágrimas en los ojos, Ulises sonrió y le dijo:
–¡Eso porque soy tu único principito, mamá!
Los tres rieron a carcajadas.
Entonces, Ulises se levantó, fue, abrazó a Julia, le dio un beso en la mejilla, después se acercó a su padre y le dio el abrazo más fuerte que pudo.
–¡Gracias, Papá!
–¿Por?
Ulises los miró a los dos y les dijo, con una sonrisa melancólica.
–Hay que ser agradecidos con la vida, ¿no? Estoy acá por ustedes. Y estoy agradecido por eso, ¿no es suficiente?
Carlos y Julia intercambiaron miradas, extrañados.
–¿Te pasa algo, Ulises? – preguntó Julia preocupada.
–Nada –mintió Ulises–. Muy rica la comida, Ma, pero me voy a dormir tempranito porque estuve haciendo mucha tarea y estoy cansado. Papá, mamá, ¡nos vemos mañana!
Ulises se dio vuelta y cruzó la puerta de la cocina, ya sin dejar que las lágrimas cayeran por sus mejillas.
*
–Al Zagrâbb –dijo Khârmy.
–El Desafío Sagrado, correcto –dijo Ulises mientras se iba poniendo la ropa más cómoda que encontró para llevar a cabo el duelo–. ¿Y dónde decís que queda ese tal Monte Pïlis?
–En Hyperbörea, en el norte extremo del mundo. ¿Acaso no te lo he dicho una docena de veces, Ulises Oliva? ¿Acaso no lo recuerdas de cuando eras Alëssus?
Ulises suspiró, mientras sacaba una bufanda y una campera que lo abrigara bien del frío.
–Tengo miedo, Khârmy –le dijo mientras se ponía unos guantes de lana–. Tengo miedo de morir. No quiero morir. Quisiera dejar todo esto de lado y quedarme acá en casa, tranquilo, leyendo, comiendo milanesas hechas por mi mamá.
Khârmy Bân Qâi suspiró con tristeza.
–Ulises Oliva, si Khêntal Al Khârmor llegase a tomar control del mundo, no va a quedar ninguna madre que haga esas “milanesas” a sus hijos.
Ulises miró al anciano en el espejo.
–Khârmy –Ulises le sonrió–: ¡sos un viejo muy puto!
Ulises se acercó al espejo y apoyó su puño derecho contra el vidrio.
–¡Sotânekka naf Arthóo, Roó Shî Khârmy Bân Qâi! (11)
El viejo especular apoyó su puño derecho contra los nudillos del muchacho.
–¡Mârak naf Za Wârudo, Ulises Oliva! (12)
Entonces, con un resplandor dorado, Khârmy Bân Qâi desapareció del espejo.
Ulises Oliva sólo veía su propio reflejo.
El muchacho miró el reloj de la pared. El Tiempo se agotaba.
Pensó en Carlos, en Julia, en Marissa Andino… ¡ay, su Musa Marissa Andino!
Ulises sonrió.
¿Cuánto tiempo había pasado desde esa única charla con la mujer de sus sueños? ¿Dos, tres meses? Después de eso, nunca habían vuelto a intercambiar palabras, pero Marissa ya no lo molestaba, y siempre que lo veía le sonreía de manera cómplice. Para Ulises no era mucho, pero era suficiente.
El muchacho se asomó por la ventana y vio la luna llena. Era hermosa y brillante.
“¡Qué loco!”, pensó. “En estos momentos soy el ser más poderoso sobre la faz de la Tierra. Tengo todo el poder mágico del mundo. Pero sigo sin tener el poder de decirle a Marissa Andino que la amo…”
Ulises suspiró resignado.
Entonces, hizo chocar sus manos en un fuerte aplauso.
*
–Parece que va a llover –dijo Julia al despertarse con un potente trueno.
–¡Qué raro! –dijo Carlos mirando la enorme luna llena por la ventana–. Porque el cielo está completamente despejado.
Y siguieron durmiendo plácidamente.
*
–¡Puta madre que hace frío en serio! –gritó Ulises tiritando, en medio de un bosque nevado, con un cielo repleto de nubes oscuras, por lo que trazó el Símbolo 23 de Míli para generar una esfera de luz que le diera iluminación entre tanta oscuridad y un poco de calor.
Ulises lanzó un grito.
Ante él, había enorme roble en donde podía verse tallado un rostro con el gesto de estar gritando.
Ulises volvió a gritar.
Se dio cuenta que, justo a su lado, había un esqueleto congelado, pero que conservaba su ropa de mago.
–¡Ya fue! ¡Que se vayan todos a cagar! ¡Yo me voy a la mierda! –se dijo mientras se preparaba para hacer el aplauso de teletransportación y volver así a su casa, con su familia.
Entonces, un rayo cayó sobre el roble, que brilló con un resplandor violáceo.
Y un grito llenó todo Monte Pïlis.
–ERÉEEEEEEEEEE!
El roble comenzó a crujir y decrecer, las ramas se fueron contrayendo, las hojas caían al suelo como dagas congeladas, lo que obligó a Ulises a saltar hacia atrás para no recibir daño. Las estriadas cortezas adquirieron la tonalidad de la piel humana. Parte del follaje se volvió una larga barba gris y otra parte se convirtió en una túnica larga y oscura cuya capucha tapaba el rostro del ser que se estaba formando.
Finalmente, Khêntal Al Khârmor había vuelto a tener su figura humana. Era enorme como un oso y sólo podría verse, bajo la capucha, los ojos de un rojo intenso que miraban al muchacho con furia homicida.
–¿Alëssus Al Iní? – preguntó el Hechicero Oscuro mirando al muchacho que tenía enfrente.
–Ese era él –dijo Ulises señalando el cadáver congelado en el suelo.
Khêntal miró el cuerpo. Lanzó una carcajada estridente y ominosa.
Ulises sintió un profundo escalofrío recorrerle la espalda.
El Hechicero fijó sus ojos carmesíes en el muchacho.
–¿Y tú quién eres, entonces?
Ulises miró el cuerpo de su antecesor. Y fijó su mirada en los ojos de su rival.
–¡YO SOY ULISES OLIVA! ¡EL PARDO!
Continuará…
VARTAN GÓMEZ
Martes 25 de Agosto de 2026
Imagen: Meta IA.
