“El Al Zagrâbb o El Desafío Sagrado, tiene sus propias reglas.
Un hechicero debe desafiar y el contrincante aceptar el desafío.
Hasta que no se acepta dicho desafío por ambas partes,
los contrincantes no pueden hacerse ningún tipo de daño.”
Wallace Geoffrey Guy: Wizards and Warlocks.
6 – Khêntal Al Khârmor
Khêntal Al Khârmor lanzó una estruendosa carcajada que resonó ominosamente por todo el bosque nevado.
–¿De qué te reís? –preguntó Ulises oliva indignado.
–¡Tu nombre me parece muy estúpido, niño!
–¡Ay, claro! ¡Porque “Khêntal Al Khârmor” es un nombre re potente! –se burló Ulises haciendo el gesto de “comillas” con los dedos de sus manos.
“¡Puta madre!”, pensó Ulises, “¡Khêntal Al Khârmor sí es un nombre muy potente!”
–¿Te atreves a burlarte de mí, gusano patético?
–Vos te reíste de mi primero, ¡viejo meado!
Khêntal alzó su mano derecha al cielo y se formó una esfera de energía roja como la sangre. Hizo el gesto para lanzarla, pero se detuvo.
Ulises sonrió.
–¡Al Zagrâbb, Khêntal, Al Zagrâbb!
–¡Te desafío, entonces, al Duelo Sagrado, Ulises Oliva! –rugió el hechicero oscuro lleno de ira.
Ulises volvió a sonreír.
–No acepto.
–¿QUÉ?
–Que no acepto tu desafío, Khêntal Al Khârmor.
–¿Pero qué clase de hechicero eres que no aceptar un Desafío sagrado?
–Uno que no es tan boludo como parece.
–¡Eres un pusilánime! –la esfera de energía roja se hizo más grande y Khêntal se la lanzó al muchacho.
Antes de que llegara a destino, la esfera de energía fue perdiendo tamaño hasta desaparecer a centímetros de la cara de Ulises, que observó todo con una sonrisa de picardía.
–¡Eres una falta de respeto para los Magos y Hechiceros, Ulises Oliva! ¡Hasta me haces valorar a ese viejo decrépito de Khârmy y al idiota de Alëssus! ¡Ellos sí tenían valor!
–Soy discípulo de Khârmy y también vi cómo murió el pobre Alëssus, Khêntal. Mi maestro está encerrado en un espejo por toda la eternidad, vos estuviste siglos convertido en un árbol y Alëssus sacrificó su vida para derrotarte, al menos por un tiempo. ¿Por qué voy a arriesgar mi vida para pelear un duelo que no quiero pelear? Además, las reglas del Al Zagrâbb me da la ventaja. Soy intocable.
–Un cobarde.
–Como vos quieras. Ahora bien, yo me pregunto: ¿por qué aceptaron el viejo y este cadáver congelado un duelo mágico con vos?
–Porque somos hechiceros, y es parte de nuestro trabajo. ¿Acaso ese viejo zorro no te dijo nada?
–Me dijo que ustedes eran como hermanos, pero no más que eso. Y mirá que le pregunté, ¿eh? Pero no me contó mucho más.
–¿Hermanos? ¿Eso te dijo? –Khêntal volvió a lanzar una ominosa carcajada.
Ulises enarcó una ceja.
–Veo que ese viejo estúpido nunca pudo aceptar sus verdaderos sentimientos.
–¿Cómo?
–¿Hermanos? ¡Mucho más que eso! Nos amábamos, pero él no quería aceptar nuestro Amor. Siempre se lo ocultaba a todos. Era un cobarde. Khârmy puede que fuera el Hechicero más poderoso del mundo, incluso más que yo, pero era un cobarde que no se aceptaba a sí mismo.
Ulises entrecerró los ojos, extrañado.
–Entonces un día me cansé y expuse nuestro Amor mutuo ante todos. El Viejo se enojó conmigo y me desafió. Yo gané, pero no lo maté, ya que somos Inmortales, de los pocos que hay en el mundo. La maldición del espejo me pareció lo más adecuado para alguien mantenía secretos encerrados.
–Entonces por eso Alëssus fue a vengar a su Maestro. Tiene sentido.
–Y veo que no cambió nada, si nunca te contó la Verdad, ni siquiera a ti.
–Khârmy me dijo que querías dominar al mundo.
–Eso también.
Ulises y Khêntal se miraron fijamente a los ojos.
–Si no aceptas mi desafío, sucio cobarde, destruiré tu mundo.
–¿Por qué lo harías? Ya no es el mundo en el que viviste. Pasaron siglos desde que te transformaron en roble. Todo cambió.
–PORQUE PUEDO.
–¿Pero qué sentido tiene? El Mundo es grande. No hace falta que lo conquistes ni que lo destruyas. Viví, Khêntal. Ya estuviste encerrado por mucho tiempo. Sos inmortal, ¿no? Podés vivir todas las vidas que quieras hasta el fin de los tiempos. ¿Por qué enfrentarnos en un duelo que a nadie le importa?
–¿A qué te refieres?
–Khêntal y vos son los hechiceros más poderosos de su época. Nadie los recuerda. Alëssus dio su vida por detenerte. No hay registros de esa hazaña en ningún lado. Me leí todos los libros sobre magia y hechicería que pude. Ninguno los menciona. Al Mundo no le importamos un carajo ni vos ni yo. ¿Por qué desperdiciar nuestras vidas en un duelo que nos puede costar la tuya, la mía o la de los dos?
Khêntal gruñó, ofuscado.
–Veo que no sólo eres un pusilánime, sino también un ingenuo.
–La Ingenuidad tiene su punto positivo a veces.
–No viviste en mi época, pedazo de lacra. No sabes todo lo que padecí por mi Amor a tu Maestro. Este es un mundo cruel. Merece que lo destruyan. Y cuando sea destruido, lo recrearé a mi imagen y semejanza.
–Me parece que tenés un poco de Complejo de Dios, ¿no?
–Soy Hechicero y soy Inmortal, me puedo dar ese lujo. Te desafío, Ulises Oliva. ¡Al Zagrâbb!
–Me niego, Khêntal.
–Entonces me iré y destruiré el mundo.
–Dale, hacélo. ¿A ver? –lo incitó Ulises con tono burlón.
Khêntal se quedó en silencio. Tampoco se movió.
–No puedo.
–Qué loco, ¿no? –dijo Ulises mirando el cuerpo del antiguo discípulo de Khârmy–. Alëssus no sólo sacrificó su vida para derrotarte, Khêntal, sino que también estableció un escudo que está por toda Hyperbörea. Esta es tu prisión. Como el espejo lo es para mi Maestro. El sacrificio de mi predecesor tuvo muchos más sentidos de los que yo pensaba.
–¡Maldito seas, Alëssus El Pardo! –rugió Khêntal–, ¡y yo te maldigo, Ulises Oliva!
Ulises sonrió y dijo:
–¡El Pardo! ¡No te olvides que yo también soy El Pardo!
Khêntal gritó de furia. Sonó un potente trueno a lo lejos.
–¡Espero que tengas toda una eternidad para reflexionar y cambiar de idea, Khêntal! Prometo venir de cuando en cuando a charlar un poco para que no te aburras tanto –y lo saludó con la mano –. ¡Chau, chau, chau!
Ulises se dio vuelta y preparó las manos para teletransportarse de nuevo a su casa.
–¡ULISES EL PARDO! – vociferó de pronto.
–¿Que pasa ahora? – preguntó Ulises dándose vuelta.
–Es verdad que no puedo lastimarte. Nunca aceptaste mi Desafío Sagrado. Y es verdad que no puedo salir de esta prisión que me ata a esta fría y muerta tierra alejada del mundo civilizado.
–¿Y qué con eso?
Khêntal sonrió, pero de una manera diabólica, como sintiéndose victorioso. A Ulises le recorrió un frío por toda la espalda.
–No puedo hacerte nada directamente, pero cometiste el error de fijar tu mirada en la mía.
Ulises tragó saliva. Ahora sí sentía miedo. Temblando, preguntó:
–¿Y?
–Leí tus pensamientos.
Ulises abrió los ojos tan grandes como pudo.
Khêntal levantó la mano derecha y chasqueó los dedos.
Una… dos… tres veces.
–¡Carajo! ¡No! –gritó Ulises aterrado.
Con cada chasquido, una enorme esfera de cristal se materializó a unos cuantos metros por encima de Khêntal.
En la primera esfera estaba encerrado Carlos.
En la segunda estaba La Julia.
En la tercera estaba Marissa Andino.
–Vete tranquilo, Ulises Oliva, El Pardo –dijo Khêntal con una sonrisa de burla y victoria–. Eres libre de irte –agregó y señaló con su dedo las esferas sobre él, sin mirarlas–, pero tu padre, tu madre y tu amada, se mueren ahora mismo.
Con lágrimas en los ojos, Ulises gritó:
–¡Khêntal Al Khârmor! ¡Eo, Ulises Oliva Al Iní, uk túmaa tuá Al Zagrâbb! (13)
Khêntal sonrió y dijo:
–¡Al Zagrâbb da durád! (14)
Y entonces El Desafío Sagrado comenzó…
Concluirá.
VARTAN GÓMEZ
Sábado 29 de Agosto de 2026
Imagen: Meta IA.
