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01/08/26

ZOILO (UNA FABULARIA DEL UNIVERSO 14)




Cuando tenía doce años, Zoilo fijó una meta para su vida: no morir hasta haber visto realizado su Sueño.    

Y así comenzó su espera. 

Esperó un segundo. No se cumplió su sueño.

Esperó un minuto. No se cumplió su sueño.

Esperó una hora. No se cumplió su sueño.

Esperó un día. No se cumplió su sueño.

Esperó una semana. No se cumplió su sueño.

Esperó un mes. No se cumplió su sueño.

Esperó un año. No se cumplió su sueño.

Pasaron dos años. No se cumplió su sueño.

Terminó el colegio secundario, pero ese no era su sueño.

Pasaron tres años. No se cumplió su sueño.

Pasaron cuatro años. No se cumplió su sueño.

Por mucho tiempo, Zoilo creyó que nunca vería realizado su sueño, pensó en desistir, pero desistió en desistir.    

Zoilo encontró a una mujer adorable y se casó con ella.    

Pero ese no era su sueño.    

Con el tiempo, Zoilo tuvo tres hermosos hijos, una nena y dos varones.    

Pero ese no era su sueño.    

Un golpe de suerte le dio a Zoilo la oportunidad de volverse millonario y comprar una casa nueva y aprovechó todas las cosas que el dinero podía ofrecerle.      

Aunque ese tampoco era su sueño.

Pasó el tiempo y Zoilo llegó al medio siglo de vida.   

Y su sueño todavía no se había cumplido. 

Un poco antes de cumplir sesenta años, la esposa de Zoilo murió.    

La amargura le hizo desear con más fuerza la realización de su sueño, sueño que veía cada vez casi imposible.    

Esperó.    

Zoilo cumplió setenta años y su sueño no se realizaba aún.    

Su hija mayor murió.

Cumplió ochenta años y su sueño no se cumplía.    

Zoilo esperó.    

Nada. 

Su hijo menor murió. Zoilo tenía ochenta y seis años.          

Esperó.    

Nada.    

Zoilo no sólo llegó al siglo de vida, sino que incluso lo superó. A esa altura lo cuidaban todavía sus nietos más jóvenes, que, dicho sea de paso, ya eran bastante mayores.

Pero su sueño seguía sin cumplirse.    

La edad y esa frustración lo hicieron caer en un pozo depresivo que duró años.  Pero no se moría. Su sueño lo mantenía vivo.

Cumplió ciento diez años la mayoría de sus primeros nietos habían muerto. Pero no Zoilo. Zoilo debía ver cumplido su sueño.    

A los ciento cincuenta años ya no tenía nietos, le quedaban algunos bisnietos, pero nunca se interesaron en él. Si tenía tataranietos, nunca los conoció. No eran parte de su sueño.    

Zoilo seguía vivo porque su sueño le daba fuerzas.    

Esperó.    

Su sueño no se realizaba.    

Esperó.    

Esperó.    

No se podía rendir ahora.    

¡Zoilo cumplió doscientos años y aún no veía realizarse su anhelado sueño!    

Nadie se había percatado de su existencia y su asombrosa longevidad, cosa extraña en un mundo en donde las noticias se informan simultáneamente con los hechos que están sucediendo. Un periodista desconocido se encontró un día con la historia de Zoilo y los llevó al estrellato.  

Las cámaras de televisión de todo el mundo mostraban al longevo Zoilo y cientos de periodistas de distintas partes del globo le hacían reportajes, aunque ya no podía hablar.    

Sordos reportajes.    

Lo consideraron “el Nuevo Matusalén”. 

Algunos tataranietos aparecieron para parasitar la fama de Zoilo.  

Zoilo esperó.    

Su sueño no se realizaba y Zoilo no moría.    

Cincuenta años después, cuando su longevidad hacía décadas que había dejado de ser noticia, el mundo se vio conmocionado por la noticia de un cataclismo que destruiría el planeta por completo.

Se acercaba un meteorito del tamaño de la luna.    

Al oír esta noticia, Zoilo salió de su estado depresivo y una amplia sonrisa se dibujó en su rostro.    

Era el Fin del Mundo.    

Pocos minutos antes del final, cuando el sol había sido eclipsado por la falsa luna y todo estaba sumido en la más de las absolutas tinieblas, alguien se acercó a él y le preguntó:     

–¿Por qué está tan contento, Don Zoilo?      

Tratando de articular las palabras, ya que no había hablado en mucho tiempo, Zoilo respondió:    

–Porque… al fin… voy a poder… ver… realizado… mi sueño.    

–¿Y cuál puede ser el sueño que lo ponga tan feliz en los últimos minutos de vida? –preguntó llorando Alguien.     

Zoilo amplió más su sonrisa de una manera inhumana y contestó con dificultad.    

–Ver… el fin… de… la… humani    

Y justo, en ese preciso momento, Zoilo se sintió tan feliz, que sufrió un ataque al corazón y se murió.

Al final, el meteorito pasó cerca de la Tierra, causó gran pánico en la población, pero nada tan grave como la imaginada destrucción del planeta.

El mundo se salvó.

La Humanidad siguió adelante por muchos miles de siglos más.

Zoilo no pudo ver su sueño cumplido.

 

 

 

VARTAN GÓMEZ

Sábado 1 de Agosto de 2026.

 

Imagen: Fragmento de “El Cometa de Bart” (Bart’s Comet), episodio 14 de la temporada 6 de Los Simpson. 

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