Cuando tenía doce años, Zoilo fijó una meta para su
vida: no morir hasta haber visto realizado su Sueño.
Y así comenzó su espera.
Esperó un segundo. No se cumplió su sueño.
Esperó un minuto. No se cumplió su sueño.
Esperó una hora. No se cumplió su sueño.
Esperó un día. No se cumplió su sueño.
Esperó una semana. No se cumplió su sueño.
Esperó un mes. No se cumplió su sueño.
Esperó un año. No se cumplió su sueño.
Pasaron dos años. No se cumplió su sueño.
Terminó el colegio secundario, pero ese no era su
sueño.
Pasaron tres años. No se cumplió su sueño.
Pasaron cuatro años. No se cumplió su sueño.
Por mucho tiempo, Zoilo creyó que nunca vería
realizado su sueño, pensó en desistir, pero desistió en desistir.
Zoilo encontró a una mujer adorable y se casó con
ella.
Pero ese no era su sueño.
Con el tiempo, Zoilo tuvo tres hermosos hijos, una
nena y dos varones.
Pero ese no era su sueño.
Un golpe de suerte le dio a Zoilo la oportunidad de
volverse millonario y comprar una casa nueva y aprovechó todas las cosas que el
dinero podía ofrecerle.
Aunque ese tampoco era su sueño.
Pasó el tiempo y Zoilo llegó al medio siglo de
vida.
Y su sueño todavía no se había cumplido.
Un poco antes de cumplir sesenta años, la esposa de Zoilo
murió.
La amargura le hizo desear con más fuerza la
realización de su sueño, sueño que veía cada vez casi imposible.
Esperó.
Zoilo cumplió setenta años y su sueño no se realizaba
aún.
Su hija mayor murió.
Cumplió ochenta años y su sueño no se cumplía.
Zoilo esperó.
Nada.
Su hijo menor murió. Zoilo tenía ochenta y seis
años.
Esperó.
Nada.
Zoilo no sólo llegó al siglo de vida, sino que incluso
lo superó. A esa altura lo cuidaban todavía sus nietos más jóvenes, que, dicho
sea de paso, ya eran bastante mayores.
Pero su sueño seguía sin cumplirse.
La edad y esa frustración lo hicieron caer en un pozo
depresivo que duró años. Pero no se
moría. Su sueño lo mantenía vivo.
Cumplió ciento diez años la mayoría de sus primeros nietos
habían muerto. Pero no Zoilo. Zoilo debía ver cumplido su sueño.
A los ciento cincuenta años ya no tenía nietos, le
quedaban algunos bisnietos, pero nunca se interesaron en él. Si tenía
tataranietos, nunca los conoció. No eran parte de su sueño.
Zoilo seguía vivo porque su sueño le daba fuerzas.
Esperó.
Su sueño no se realizaba.
Esperó.
Esperó.
No se podía rendir ahora.
¡Zoilo cumplió doscientos años y aún no veía
realizarse su anhelado sueño!
Nadie se había percatado de su existencia y su
asombrosa longevidad, cosa extraña en un mundo en donde las noticias se
informan simultáneamente con los hechos que están sucediendo. Un periodista
desconocido se encontró un día con la historia de Zoilo y los llevó al
estrellato.
Las cámaras de televisión de todo el mundo mostraban
al longevo Zoilo y cientos de periodistas de distintas partes del globo le
hacían reportajes, aunque ya no podía hablar.
Sordos reportajes.
Lo consideraron “el Nuevo Matusalén”.
Algunos tataranietos aparecieron para parasitar la
fama de Zoilo.
Zoilo esperó.
Su sueño no se realizaba y Zoilo no moría.
Cincuenta años después, cuando su longevidad hacía
décadas que había dejado de ser noticia, el mundo se vio conmocionado por la
noticia de un cataclismo que destruiría el planeta por completo.
Se acercaba un meteorito del tamaño de la luna.
Al oír esta noticia, Zoilo salió de su estado
depresivo y una amplia sonrisa se dibujó en su rostro.
Era el Fin del Mundo.
Pocos minutos antes del final, cuando el sol había
sido eclipsado por la falsa luna y todo estaba sumido en la más de las
absolutas tinieblas, alguien se acercó a él y le preguntó:
–¿Por qué está tan contento, Don Zoilo?
Tratando de articular las palabras, ya que no había
hablado en mucho tiempo, Zoilo respondió:
–Porque… al fin… voy a poder… ver… realizado… mi sueño.
–¿Y cuál puede ser el sueño que lo ponga tan feliz en
los últimos minutos de vida? –preguntó llorando Alguien.
Zoilo amplió más su sonrisa de una manera inhumana y
contestó con dificultad.
–Ver… el fin… de… la… humani
Y justo, en ese preciso momento, Zoilo se sintió tan
feliz, que sufrió un ataque al corazón y se murió.
Al final, el meteorito pasó cerca de la Tierra, causó gran
pánico en la población, pero nada tan grave como la imaginada destrucción del
planeta.
El mundo se salvó.
La Humanidad siguió adelante por muchos miles de siglos
más.
Zoilo no pudo ver su sueño cumplido.
VARTAN GÓMEZ
Sábado
1 de Agosto de 2026.
Imagen: Fragmento de “El Cometa de Bart” (Bart’s Comet), episodio 14 de la temporada 6 de Los Simpson.
