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02/08/26

Homenaje de los Matrimonios Teatinos al Padre Juan Carlos Di Camilo, C.R., a un año de su fallecimiento


«Me hice todo para todos…»

(1 Corintios 9,22)

Son las cuatro de la tarde. Estamos reunidos los Matrimonios Teatinos. Acabamos de compartir un asado, de esos que te gustaba compartir con nosotros. No solo comiendo y tomando, sino también jugando y charlando. En fin, compartiendo la vida.

Acá estamos, recordándote, porque hace un año el Padre Dios te llamó a su lado. Son muchos los sentimientos y las anécdotas; miles. Algunos te conocimos de toda la vida, otros desde hace menos tiempo.



Para nosotros, los Matrimonios Teatinos, fuiste un ejemplo de sacerdote, de pastor; un maestro, un mentor y también un amigo.

Por eso, ahora queremos dejar nuestro testimonio de lo que fuiste para cada uno de nosotros y de cuál es tu legado.

Liliana y Juan José

“El padre Juan Carlos fue un sacerdote con una capacidad inmensa e incansable para trabajar por la Iglesia. Un pastor que conocía a cada una de sus ovejas, que no tenía inconvenientes para hablar con las jerarquías o acompañar a las personas más humildes. Fue, además, un consejero, un amigo y un hermano. Su legado es la comunidad, la unión, la amistad y la ayuda a quien lo necesite, incluyendo a todos.”

Osvaldo y Melania

“Para nosotros, el padre Juan Carlos fue un gran apoyo y un guía espiritual desde que llegamos acá, a la Argentina. Su cercanía, su escucha atenta y sus palabras oportunas nos brindaron consuelo, esperanza y fortaleza. Su legado permanece en su ejemplo de servicio, amor y entrega a los demás. Vivirá siempre en nuestros corazones y en nuestros recuerdos.”

Andrea y Alfi

“El padre Juan Carlos fue un amigo, consejero y guía espiritual, pero, sobre todo, un pastor que servía a todos sin distinción. Siempre estará con nosotros y nos seguirá guiando en el camino de la fe.”

Alejandra y Daniel

“Para nosotros, tu ministerio fue muy amplio y fructífero, pero queremos destacar que fuiste un hacedor incansable, trabajando para el Reino, con una fortaleza admirable.

Como legado podríamos decir varios, pero elegimos tu pasión por los vulnerables, con tu escucha y cercanía hacia aquellos a quienes nunca les soltaste la mano.”

Mary y Cacho

“Para nosotros, el padre Juan Carlos fue un sacerdote, un pastor y un gran amigo que nos acercó a Jesús, y nunca volvimos atrás. Generoso, solidario, guía espiritual y confesor. Su legado sería largo de enumerar; por eso destacamos su disponibilidad para con el hermano, su escucha y el habernos mostrado siempre que la Divina Providencia nunca nos deja y no arruina los días de gloria. Siempre te recordaremos eternamente, Padre.”



Lore y Luis

“El padre Juan Carlos, para nosotros, fue un gran amigo, quien en cada encuentro nos aceptaba tal cual como somos. Fue un maestro, enseñándonos no solo con la palabra, sino también con el ejemplo: que al necesitado no solo hay que darle ropa y alimento, sino también un oído que lo escuche. Fue un buen pastor, cuidando y buscando a todas las ovejas del rebaño del Señor. Su legado es grande, pero, sin duda, su empatía con los más necesitados fue su gran don.

Padre Juan Carlos, estás en cada momento de encuentro, porque es lo que nos dejaste: en cada abrazo generoso, en el compartir un mate y en cada gesto tuyo, con una simpleza hermosa como la de Cristo. También estás en el ejemplo de tu vida consagrada, que iluminó nuestra vida matrimonial con la presencia del Señor.”

Liliana y Alejandro

“Para nosotros, Juan Carlos no solo fue un gran sacerdote; para nosotros se convirtió en un amigo entrañable, con quien compartimos muchos encuentros, iniciativas y sueños. Su legado es su empatía, su disponibilidad y su corazón siempre dispuesto a acoger como padre, amigo y hermano.”

Alicia y Julián

“Juan Carlos fue un hombre de Dios y lo hacía presente en los vínculos. Era un pastor cercano. Para nosotros, en particular, fue con esa cercanía que nos rescató en un momento difícil, nos acogió y nos brindó su amistad. Nos regaló la pertenencia a la comunidad y una misión en la que hoy continuamos honrando su memoria. Su legado principal para nosotros es su estilo tan especial de transmitir a Dios a través de la cercanía con el otro.”

Querido Padre Juan Carlos: tu vida marcó la nuestra.   

Tu ejemplo nos sigue guiando, y todo lo que hagamos de acá en más te lo ofrecemos para honrar tu memoria.    

                                             (Matrimonios Teatinos)




Padre Juan Carlos Di Camillo:  el teatino, el cura de barrio, el amigo inolvidable.

El Padre Juan Carlos Di Camilo, C.R., nació el 10 de noviembre de 1959, hijo de Domingo e Inés. Desde sus primeros pasos en la fe, desde muy joven recibió la llamada al sacerdocio. Como él mismo expresaba: Teatino desde la pila bautismal, una identidad que no fue solo una elección, sino una manera de vivir su pertenencia y su misión.

Profesó en la Orden Teatina el 28 de febrero de 1982 y fue ordenado sacerdote el 17 de marzo de 1989 en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Boulogne. Fue el primer teatino argentino y recibió con fidelidad el carisma de los fundadores, haciéndolo presente en cada comunidad y en cada persona que acompañó.

Durante su ministerio desempeñó diversos servicios como Delegado, Prepósito Provincial, Maestro de Formación y Párroco en Villa Adelina, La Plata y Boulogne. Más allá de las responsabilidades asumidas, vivió su sacerdocio desde una convicción que marcó su camino: “hacerse todo para todos”.

Era un hombre de oración: la Eucaristía y el amor a la Virgen fueron los dos pilares donde afianzó su vocación de servicio a los más necesitados. Así, impulsó comunidades, promovió la catequesis en barrios populares, fundó y acompañó grupos de guías y scouts, puso en marcha el Seminario Catequístico Sagrado Corazón, creó espacios de atención para personas con discapacidad, fundó hogares de día, apoyo escolar y comedores comunitarios destinados a niños/as, jóvenes y familias en situación de vulnerabilidad.

Su mirada pastoral estuvo especialmente cerca de quienes más sufrían. Durante la crisis de 2001 acompañó a los cartoneros y caminó junto a las comunidades más vulnerables, viendo en cada persona una historia y un hermano al que acompañar. En 2004 viajó a las Islas Malvinas junto a familiares de combatientes caídos, acompañándolos en la bendición del monumento en el Cementerio Darwin y en la entronización de una imagen de la Virgen de Luján.

Dedicó gran parte de su vida al acompañamiento pastoral en los colegios teatinos, confiando en la educación como camino de transformación y crecimiento integral de las personas.

El Señor lo llamó a su presencia el 26 de julio de 2025, en la comunidad del Sagrado Corazón de Jesús de Boulogne, el mismo lugar donde acompañó a tantos jóvenes en su época de seminarista y donde entregó sus últimos años de ministerio.

Fue sacerdote, pastor, formador, vecino y amigo; un hombre capaz de tender puentes, acompañar procesos y hacer presente el Evangelio en lo cotidiano. Fue un cura humano, “con olor a oveja” como diría el Papa Francisco.  Al recordar su vida, celebramos una existencia entregada con sencillez y compromiso. Su huella permanece en comunidades, matrimonios, religiosos, familias, niños/as y jóvenes que encontraron en él cercanía, escucha y acompañamiento.

Que su memoria permanezca viva en todos aquellos que tuvimos la gracia de compartir su profunda humanidad, su amistad y sacerdocio. Descansa en paz, querido amigo.

“Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.»

(B.Bretch) 

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