«Me hice todo
para todos…»
(1 Corintios 9,22)
Son las cuatro de la tarde.
Estamos reunidos los Matrimonios Teatinos. Acabamos de compartir un asado, de
esos que te gustaba compartir con nosotros. No solo comiendo y tomando, sino
también jugando y charlando. En fin, compartiendo la vida.
Acá estamos, recordándote, porque
hace un año el Padre Dios te llamó a su lado. Son muchos los sentimientos y las
anécdotas; miles. Algunos te conocimos de toda la vida, otros desde hace menos
tiempo.
Para nosotros, los Matrimonios
Teatinos, fuiste un ejemplo de sacerdote, de pastor; un maestro, un mentor y
también un amigo.
Por eso, ahora queremos dejar
nuestro testimonio de lo que fuiste para cada uno de nosotros y de cuál es tu
legado.
Liliana y Juan José
“El padre Juan Carlos fue un sacerdote con una capacidad inmensa e
incansable para trabajar por la Iglesia. Un pastor que conocía a cada una de
sus ovejas, que no tenía inconvenientes para hablar con las jerarquías o
acompañar a las personas más humildes. Fue, además, un consejero, un amigo y un
hermano. Su legado es la comunidad, la unión, la amistad y la ayuda a quien lo
necesite, incluyendo a todos.”
Osvaldo y Melania
“Para nosotros, el padre Juan
Carlos fue un gran apoyo y un guía espiritual desde que llegamos acá, a la
Argentina. Su cercanía, su escucha atenta y sus palabras oportunas nos
brindaron consuelo, esperanza y fortaleza. Su legado permanece en su ejemplo de
servicio, amor y entrega a los demás. Vivirá siempre en nuestros corazones y en
nuestros recuerdos.”
Andrea y
Alfi
“El padre Juan Carlos fue un
amigo, consejero y guía espiritual, pero, sobre todo, un pastor que servía a
todos sin distinción. Siempre estará con nosotros y nos seguirá guiando en el
camino de la fe.”
Alejandra y Daniel
“Para nosotros, tu ministerio fue muy
amplio y fructífero, pero queremos destacar que fuiste un hacedor incansable,
trabajando para el Reino, con una fortaleza admirable.
Como
legado podríamos decir varios, pero elegimos tu pasión por los vulnerables, con
tu escucha y cercanía hacia aquellos a quienes nunca les soltaste la mano.”
Mary y Cacho
“Para nosotros, el padre Juan Carlos fue un sacerdote, un pastor y un gran
amigo que nos acercó a Jesús, y nunca volvimos atrás. Generoso, solidario, guía
espiritual y confesor. Su legado sería largo de enumerar; por eso destacamos su
disponibilidad para con el hermano, su escucha y el habernos mostrado siempre
que la Divina Providencia nunca nos deja y no arruina los días de gloria.
Siempre te recordaremos eternamente, Padre.”
Lore y Luis
“El padre Juan Carlos, para nosotros, fue un gran
amigo, quien en cada encuentro nos aceptaba tal cual como somos. Fue un
maestro, enseñándonos no solo con la palabra, sino también con el ejemplo: que
al necesitado no solo hay que darle ropa y alimento, sino también un oído que
lo escuche. Fue un buen pastor, cuidando y buscando a todas las ovejas del
rebaño del Señor. Su legado es grande, pero, sin duda, su empatía con los más
necesitados fue su gran don.
Padre Juan Carlos, estás en cada momento de encuentro, porque es lo que nos
dejaste: en cada abrazo generoso, en el compartir un mate y en cada gesto tuyo,
con una simpleza hermosa como la de Cristo. También estás en el ejemplo de tu
vida consagrada, que iluminó nuestra vida matrimonial con la presencia del
Señor.”
Liliana y
Alejandro
“Para nosotros, Juan Carlos no
solo fue un gran sacerdote; para nosotros se convirtió en un amigo entrañable,
con quien compartimos muchos encuentros, iniciativas y sueños. Su legado es su
empatía, su disponibilidad y su corazón siempre dispuesto a acoger como padre,
amigo y hermano.”
Alicia y
Julián
“Juan Carlos fue un hombre de Dios y lo hacía presente en los vínculos. Era
un pastor cercano. Para nosotros, en particular, fue con esa cercanía que nos
rescató en un momento difícil, nos acogió y nos brindó su amistad. Nos regaló
la pertenencia a la comunidad y una misión en la que hoy continuamos honrando
su memoria. Su legado principal para nosotros es su estilo tan especial de
transmitir a Dios a través de la cercanía con el otro.”
Querido Padre Juan Carlos: tu vida marcó la nuestra.
Tu ejemplo nos sigue guiando, y todo lo que hagamos de acá en más te lo ofrecemos para honrar tu memoria.
(Matrimonios Teatinos)
Padre Juan Carlos Di Camillo: el teatino, el cura de barrio, el amigo inolvidable.
El Padre Juan Carlos Di Camilo, C.R.,
nació el 10 de noviembre de 1959, hijo de Domingo e Inés. Desde sus primeros
pasos en la fe, desde muy joven recibió la llamada al sacerdocio. Como él mismo
expresaba: “Teatino
desde la pila bautismal”, una
identidad que no fue solo una elección, sino una manera de vivir su pertenencia
y su misión.
Profesó en la Orden Teatina el 28 de febrero de
1982 y fue ordenado sacerdote el 17 de marzo de 1989 en la Parroquia Sagrado
Corazón de Jesús de Boulogne. Fue el primer teatino argentino y recibió con
fidelidad el carisma de los fundadores, haciéndolo presente en cada comunidad y
en cada persona que acompañó.
Durante su ministerio desempeñó diversos
servicios como Delegado, Prepósito Provincial, Maestro de Formación y Párroco
en Villa Adelina, La Plata y Boulogne. Más allá de las responsabilidades
asumidas, vivió su sacerdocio desde una convicción que marcó su camino: “hacerse
todo para todos”.
Era un hombre de oración: la Eucaristía y el
amor a la Virgen fueron los dos pilares donde afianzó su vocación de servicio a
los más necesitados. Así, impulsó comunidades, promovió la catequesis en
barrios populares, fundó y acompañó grupos de guías y scouts, puso en marcha el
Seminario Catequístico Sagrado Corazón, creó espacios de atención para personas
con discapacidad, fundó hogares de día, apoyo escolar y comedores comunitarios
destinados a niños/as, jóvenes y familias en situación de vulnerabilidad.
Su mirada pastoral estuvo especialmente cerca
de quienes más sufrían. Durante la crisis de 2001 acompañó a los cartoneros y
caminó junto a las comunidades más vulnerables, viendo en cada persona una
historia y un hermano al que acompañar. En 2004 viajó a las Islas Malvinas
junto a familiares de combatientes caídos, acompañándolos en la bendición del
monumento en el Cementerio Darwin y en la entronización de una imagen de la
Virgen de Luján.
Dedicó gran parte de su vida al acompañamiento
pastoral en los colegios teatinos, confiando en la educación como camino de transformación
y crecimiento integral de las personas.
El Señor lo llamó a su presencia el 26 de julio
de 2025, en la comunidad del Sagrado Corazón de Jesús de Boulogne, el mismo
lugar donde acompañó a tantos jóvenes en su época de seminarista y donde
entregó sus últimos años de ministerio.
Fue sacerdote, pastor, formador, vecino y
amigo; un hombre capaz de tender puentes, acompañar procesos y hacer presente
el Evangelio en lo cotidiano. Fue un cura humano, “con olor a oveja” como diría
el Papa Francisco. Al recordar su vida,
celebramos una existencia entregada con sencillez y compromiso. Su huella
permanece en comunidades, matrimonios, religiosos, familias, niños/as y jóvenes
que encontraron en él cercanía, escucha y acompañamiento.
Que su memoria permanezca viva en todos
aquellos que tuvimos la gracia de compartir su profunda humanidad, su amistad y
sacerdocio. Descansa en paz, querido amigo.
(B.Bretch)




