Títulos

13/09/26

Alicia en el Teatro Azul: el país de las maravillas es un asentamiento y la Reina quiere un helipuerto

Por Román Reynoso para Mundo Norte



Cuarenta y una butacas agotadas un sábado frío, a las 22:30 para ver una hora de grotesco político. Ese dato, antes que cualquier valoración estética, dice algo sobre el momento: Alicia, la relectura que Kike Giungi estrenó ayer 12 de septiembre en el Teatro Azul, encontró público porque habla de lo que la gente ya está viendo en la calle.

La operación es directa. Giungi toma el clásico de Lewis Carroll y lo baja al hambre, la changa y el desalojo. La Reina no decapita por capricho aristocrático: ordena arrasar el asentamiento para levantar un helipuerto privado. La madriguera es una cloaca. El país de las maravillas es un descampado con ollas populares. Cuando la alegoría trabaja por acumulación —la Oruga que vende, el proxenetismo instalado como economía de subsistencia, la corte paranoica— la obra golpea fuerte y no necesita explicarse.



El problema aparece cuando decide explicarse. Hay pasajes en los que la metáfora se afloja y asoma la bajada de línea, y ahí la pieza pierde exactamente lo que había ganado: el espectador deja de descifrar y pasa a recibir un mensaje. Es el riesgo de todo teatro político y Giungi no lo esquiva del todo. La obra es más potente cuando muestra que cuando subraya.

En el elenco coral de once, tres composiciones se llevan la sala. Paula Milanesio construye una Ratita que se roba cada entrada. Glenda Aramburu compone una Reina que sostiene el grotesco sin caer nunca en la caricatura fácil —y que, fuera del escenario, firma también la producción ejecutiva y la prensa del proyecto, algo que define bastante bien cómo se hace teatro independiente hoy—. Inés Fernández Cabral aporta una Abadesa que ordena el clima de las escenas donde aparece. El aplauso del estreno fue para las tres.

El conjunto está parejo, algo nada menor con once cuerpos rotando en un escenario de siete por cinco metros. La reserva está en el centro: la Alicia de esta versión se resuelve con corrección, pero no termina de entregar el espesor dramático que el rol pide. En una lectura donde Alicia ya no es una nena curiosa sino alguien que tiene hambre, esa distancia se nota.

La puesta sostiene. Luces distorsionadas, humo, un diseño expresionista que en una sala chica podría haber resultado asfixiante y en cambio funciona como cámara de presión. El vestuario de Estefanía Paiz acompaña sin decorar. Sesenta minutos es la duración exacta: ni un minuto más de lo que la propuesta puede aguantar sin agotar al espectador.

El coro de Liebres rompe la cuarta pared y lo hace bien: incomoda sin buscar la complicidad barata del público. Sobre eso se apoya el final, que no busca cerrar prolijo sino interpelar. La platea deja de ser platea y pasa a ser lo que la obra le enrostra: una sociedad anestesiada que mira. Uno sale del Teatro Azul discutiendo, que es probablemente todo lo que Giungi se propuso.

Alicia se presenta los sábados a las 22:30 en el Teatro Azul, Av. Corrientes 5965, Villa Crespo. Entradas $25.000 por Alternativa Teatral. Funciones hasta el 26 de septiembre. 


Roman Reynoso 2026

Portal de noticias:    MundoNorte 

Instagram: @mundonorte

Pages