Por Román Reynoso
Ayer, martes 15 de septiembre,
viví uno de esos momentos que uno sabe que van a quedar grabados para siempre.
Presenté mi primera novela, Precintos de Sangre en el Conurbano, en la
Feria del Libro de Malvinas Argentinas, en la sala Distrito Malvinas, rodeado
de colegas, amigos, familiares y referentes del mundo cultural y político de la
región. No fue solo la presentación de un libro: fue la puesta en escena de más
de veinte años caminando el conurbano, escuchando historias, anotando silencios
y aprendiendo a leer lo que no siempre se puede escribir.
Un comienzo cargado de afecto
y territorio
Abrí la jornada agradeciendo a
quienes hicieron posible que esta historia del conurbano pudiera plasmarse en
papel. La presidenta de SADE Malvinas Argentinas, Ana Costilla, los escritores
de la institución Maika, Vartan, Antonia, Vero, Stella, Catriel, Hugo, mis
afectos, mi familia, mis amigos. Sentí que cada uno de ellos, de algún modo,
también estaba dentro del libro.
Antes de adentrarnos en la trama,
le di la palabra a Denise Dertycia, compañera de streaming y amiga, quien hizo
una presentación que me emocionó. Rescató mi recorrido como periodista,
fundador de Mundo Norte, lector devoto de Borges y Bioy Casares, y señaló algo
que siempre me atravesó: que el crimen, bien contado, es un espejo de la
sociedad que lo produce.
“Detrás de la rigurosidad del
informador está la empatía de quien escucha y comprende las historias humanas
del territorio”, dijo Denise.
La novela y su geografía
emocional
Cuando llegó el momento de hablar
de Precintos de Sangre en el Conurbano, quise empezar por el
territorio. Pregunté quién había viajado alguna vez en el Belgrano Norte. Muchas
manos se levantaron. Allí arranca la historia. En esas vías donde aparece el
cuerpo de un empleado municipal, encontrado por Roque Sdrech, el periodista
protagonista.
Roque no soy yo, pero nos
parecemos más de lo que me gustaría admitir. Él dirige El Vigía; yo,
Mundo Norte. Él recibe llamados de madrugada para “negociar adjetivos”; yo
también. Él camina el conurbano desde hace décadas; yo igual. La ficción me
permitió contar aquello que en la realidad muchas veces no podemos firmar.
La novela es una investigación
que se abre como un abanico: negocios ilegales, financiamiento político,
complicidades institucionales, campañas electorales y la domesticación del
periodismo a través de la pauta. Todo narrado con vértigo, pero sin superhéroes:
con la humanidad y las limitaciones de un periodista de carne y hueso.
El símbolo del precinto: manos
atadas, voces cerradas
Una de las preguntas del público
fue por qué elegí los precintos como primera pista y como título. Respondí lo
que siempre pensé:
“Nadie se suicida con las manos
atadas atrás con un precinto y se tira a la vía del tren.”
El precinto es símbolo de
ataduras, de silencios, de sistemas que condicionan. Y también es una
invitación a desatar la curiosidad del lector. Presentar el libro justo en el
Día Internacional de la Democracia le dio un sentido especial: el periodismo
necesita manos libres.
Generaciones, poder y
realidades que atraviesan municipios
Felipe y Mario, dos personajes
clave, representan dos generaciones del oficio. Felipe, joven, rebelde, hijo de
un imprentero clausurado por negarse a servir al poder. Mario, veterano, ex
Télam, depositario de una experiencia que ya no se enseña en ninguna facultad.
El público también preguntó qué
cosas aparecen en la novela que no puedo expresar en una nota periodística. La
respuesta fue simple:
“No importa en qué municipio
uno se pare: el lector va a reconocer personajes, prácticas y paisajes que
conoce.”
La ficción permite mostrar lo que
todos saben, pero pocos se animan a decir.
El poder, el vecino y la Argentina que duele
Antonia Nuñez, escritora y amiga,
planteó algo que quedó resonando en la sala: “que el paisaje puede cambiar,
pero el amor al poder es una constante.” Yo respondí con una imagen que aparece
en la novela: una parada de colectivo destruida, bajo la lluvia, forrada con
la sonrisa de un intendente que quiere perpetuarse.
La política, cuando se aleja del
vecino, deshumaniza. Y eso también es parte del conurbano.
Influencias, heroísmo y la
verdad como destino
Me preguntaron por influencias
cinematográficas. No supe dar una película precisa. El vértigo de la acción
surgió de la realidad misma: un periodista con problemas de rodilla no puede
correr como un atleta, pero sí puede enfrentarse a la verdad.
También surgió el tema del
heroísmo. No hay héroes de película en esta historia. Hay convicciones. Roque Sdrech
resignó su familia por el periodismo. No quiso ser empleado. Quiso ser libre. Y
eso, en estos tiempos, es un acto de valentía.
El mensaje para el lector
Cuando me preguntaron qué mensaje
quería dejar, dije lo que creo desde hace años:
“Otro sistema es posible. Si uno
es fiel a sus principios, perdura en el tiempo su obra, su pensamiento y sus
ideas.”
La realidad siempre termina
venciendo al relato, acotó Mónica Mastandrea, presidente de la UCR local.
El futuro: ¿una saga del
conurbano?
Alfredo Goijman, referente del
periodismo regional, preguntó si este libro era el inicio de una saga. Respondí
que disfruten del primero, pero que sí, muchos lectores ya me están empujando a
continuar. Quizás con otros personajes, quizás en otros municipios más bravos.
El conurbano es un universo inagotable.
Vartan Gómez recordó que todos me
decían que el título era demasiado largo. Yo insistí. Y muchas personas, antes
de la presentación, compraron el libro solo por la palabra “conurbano”. A veces
la tozudez periodística paga.
Un libro, una región, una
identidad
Cerré la presentación
agradeciendo a todos los presentes. A los colegas, a los amigos, a mis hijos, a
los lectores, a Gise, mi compañera de vida, quien insistió siempre para que
escriba este libro. A quienes creen en el periodismo regional y en la
literatura que nace de la calle, del barro, de la madrugada y de las voces que
no siempre encuentran micrófono.
Los libros, a precio de feria,
firmados y dedicados siguen los caminos de quienes se los llevaron, con su
lectura los harán suyos y les pondrán rostros a los personajes. Pero lo más
valioso fue la conversación, el intercambio, la certeza de que el conurbano
—con sus luces y sombras— merece ser contado.
Y que esta es apenas la primera
historia.
Instagram: @mundonorte







