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16/09/26

Crónica en primera persona — Presentación de Precintos de Sangre en el Conurbano

Por Román Reynoso

Ayer, martes 15 de septiembre, viví uno de esos momentos que uno sabe que van a quedar grabados para siempre. Presenté mi primera novela, Precintos de Sangre en el Conurbano, en la Feria del Libro de Malvinas Argentinas, en la sala Distrito Malvinas, rodeado de colegas, amigos, familiares y referentes del mundo cultural y político de la región. No fue solo la presentación de un libro: fue la puesta en escena de más de veinte años caminando el conurbano, escuchando historias, anotando silencios y aprendiendo a leer lo que no siempre se puede escribir.



Un comienzo cargado de afecto y territorio

Abrí la jornada agradeciendo a quienes hicieron posible que esta historia del conurbano pudiera plasmarse en papel. La presidenta de SADE Malvinas Argentinas, Ana Costilla, los escritores de la institución Maika, Vartan, Antonia, Vero, Stella, Catriel, Hugo, mis afectos, mi familia, mis amigos. Sentí que cada uno de ellos, de algún modo, también estaba dentro del libro.

Antes de adentrarnos en la trama, le di la palabra a Denise Dertycia, compañera de streaming y amiga, quien hizo una presentación que me emocionó. Rescató mi recorrido como periodista, fundador de Mundo Norte, lector devoto de Borges y Bioy Casares, y señaló algo que siempre me atravesó: que el crimen, bien contado, es un espejo de la sociedad que lo produce.

“Detrás de la rigurosidad del informador está la empatía de quien escucha y comprende las historias humanas del territorio”, dijo Denise.



La novela y su geografía emocional

Cuando llegó el momento de hablar de Precintos de Sangre en el Conurbano, quise empezar por el territorio. Pregunté quién había viajado alguna vez en el Belgrano Norte. Muchas manos se levantaron. Allí arranca la historia. En esas vías donde aparece el cuerpo de un empleado municipal, encontrado por Roque Sdrech, el periodista protagonista.



Roque no soy yo, pero nos parecemos más de lo que me gustaría admitir. Él dirige El Vigía; yo, Mundo Norte. Él recibe llamados de madrugada para “negociar adjetivos”; yo también. Él camina el conurbano desde hace décadas; yo igual. La ficción me permitió contar aquello que en la realidad muchas veces no podemos firmar.

La novela es una investigación que se abre como un abanico: negocios ilegales, financiamiento político, complicidades institucionales, campañas electorales y la domesticación del periodismo a través de la pauta. Todo narrado con vértigo, pero sin superhéroes: con la humanidad y las limitaciones de un periodista de carne y hueso.



El símbolo del precinto: manos atadas, voces cerradas

Una de las preguntas del público fue por qué elegí los precintos como primera pista y como título. Respondí lo que siempre pensé:

“Nadie se suicida con las manos atadas atrás con un precinto y se tira a la vía del tren.”

El precinto es símbolo de ataduras, de silencios, de sistemas que condicionan. Y también es una invitación a desatar la curiosidad del lector. Presentar el libro justo en el Día Internacional de la Democracia le dio un sentido especial: el periodismo necesita manos libres.



Generaciones, poder y realidades que atraviesan municipios

Felipe y Mario, dos personajes clave, representan dos generaciones del oficio. Felipe, joven, rebelde, hijo de un imprentero clausurado por negarse a servir al poder. Mario, veterano, ex Télam, depositario de una experiencia que ya no se enseña en ninguna facultad.

El público también preguntó qué cosas aparecen en la novela que no puedo expresar en una nota periodística. La respuesta fue simple:

“No importa en qué municipio uno se pare: el lector va a reconocer personajes, prácticas y paisajes que conoce.”

La ficción permite mostrar lo que todos saben, pero pocos se animan a decir.

El poder, el vecino y la Argentina que duele

Antonia Nuñez, escritora y amiga, planteó algo que quedó resonando en la sala: “que el paisaje puede cambiar, pero el amor al poder es una constante.” Yo respondí con una imagen que aparece en la novela: una parada de colectivo destruida, bajo la lluvia, forrada con la sonrisa de un intendente que quiere perpetuarse.

La política, cuando se aleja del vecino, deshumaniza. Y eso también es parte del conurbano.

Influencias, heroísmo y la verdad como destino

Me preguntaron por influencias cinematográficas. No supe dar una película precisa. El vértigo de la acción surgió de la realidad misma: un periodista con problemas de rodilla no puede correr como un atleta, pero sí puede enfrentarse a la verdad.

También surgió el tema del heroísmo. No hay héroes de película en esta historia. Hay convicciones. Roque Sdrech resignó su familia por el periodismo. No quiso ser empleado. Quiso ser libre. Y eso, en estos tiempos, es un acto de valentía.



El mensaje para el lector

Cuando me preguntaron qué mensaje quería dejar, dije lo que creo desde hace años:

“Otro sistema es posible. Si uno es fiel a sus principios, perdura en el tiempo su obra, su pensamiento y sus ideas.”

La realidad siempre termina venciendo al relato, acotó Mónica Mastandrea, presidente de la UCR local.

El futuro: ¿una saga del conurbano?

Alfredo Goijman, referente del periodismo regional, preguntó si este libro era el inicio de una saga. Respondí que disfruten del primero, pero que sí, muchos lectores ya me están empujando a continuar. Quizás con otros personajes, quizás en otros municipios más bravos. El conurbano es un universo inagotable.

Vartan Gómez recordó que todos me decían que el título era demasiado largo. Yo insistí. Y muchas personas, antes de la presentación, compraron el libro solo por la palabra “conurbano”. A veces la tozudez periodística paga.



Un libro, una región, una identidad

Cerré la presentación agradeciendo a todos los presentes. A los colegas, a los amigos, a mis hijos, a los lectores, a Gise, mi compañera de vida, quien insistió siempre para que escriba este libro. A quienes creen en el periodismo regional y en la literatura que nace de la calle, del barro, de la madrugada y de las voces que no siempre encuentran micrófono.



Los libros, a precio de feria, firmados y dedicados siguen los caminos de quienes se los llevaron, con su lectura los harán suyos y les pondrán rostros a los personajes. Pero lo más valioso fue la conversación, el intercambio, la certeza de que el conurbano —con sus luces y sombras— merece ser contado.

Y que esta es apenas la primera historia.


Roman Reynoso 2026

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