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20/09/26

FINN (UNA FAMILIAR DEL UNIVERSO 21)

Una vez me preguntaron qué es el Arte.

Yo les respondí: Lo que salga de tu corazón.

Basilio Kadinsky


 

–¿Finn? ¡Qué nombre más raro! –dijo la chica de sonrisa chistosa y pelo rosado.

Finn Delcastillo se rio.

–Pasa que mis viejos dijeron que yo era el “fin” de la fábrica de hijos –le explicó.

La chica de pelo rosado se quedó mirándolo sin saber si lo que el muchacho le decía era real o se estaba burlando de ella.

–¿Tenés muchos hermanos? – preguntó la chica de perro rosado.

–El más grande soy yo.

–¿Y los otros?

–Yo, yo, yo, yo, y el más chiquitos de todos… yo.

La chica se quedó pensando hasta que vio la sonrisa pícara de Finn.

–¡Sos un idiota! –le reprochó riéndose.

Finn cerró los ojos de manera idiota y le dijo:

–¡Chí! –y tras unos segundos, preguntó– ¿Y vos tenés hermanos?

         –Sí. Unas cuantas hermanas, pero no me llevo muy bien con ellas. Me llevo mucho mejor con mis primas que con mis propias hermanas.

         Finn se quedó en silencio. No sabía qué contestarle ya que él no tenía un punto de comparación como para compartir la experiencia.

–Pero mejor cambiemos de tema. ¿De verdad te llamás Finn?

–Sí. Lo que pasa es que mi papá es profesor de Literatura, y es muy fanático de la mitología celta. Le gusta uno de sus héroes, Fionn mac Cumhaill, o Finn McCool para los ingleses, pero él se quedó con una versión del nombre del libro donde lo descubrió: Finn McCumhall, así que le puso ese nombre a su único hijo: o sea, ¡yo!

–¡Qué loco! Así que tenés el nombre de un héroe celta. Me gusta. Tiene su personalidad.

Siguieron entonces mirando el cuadro.

         –No me dijiste tu nombre todavía –observó Finn.

         –Miranda Morrison.

         –Vos tampoco te quedás atrás con lo de la personalidad, ¿eh? Tenés nombre de heroína también: Miranda Morrison, La Amazona. ¡Digna protagonista de un cómic de superhéroes!

         –¡Sos un tonto!

         –¡Pero un tonto visionario y con imaginación! 

         Ambos se rieron por lo bajo, para que no los retaran los del museo.

         El cuadro era interesante. Un cúmulo de colores ocres y verdes, con trazos al azar, pero que formaban lo que parecía ser un tronco con cara sonriente y siniestra.

         –Me gusta este cuadro –dijo Miranda.

         –A mí no, pero tiene algo que me llama mucho la atención.

         –¿Los colores? ¿El trazo?

         –No, nada de eso. El pajarito negro ese –dijo Finn señalándole un punto del cuadro.

         –¿Qué pajarito? Si no hay ningún pajarito en el cuadro. ¿Otra vez me estás tomando el pelo?

         –¿No ves ahí un pajarito negro? Está tan claro como el agua.

         –¿Dónde? ¡Yo no veo ningún pajarito negro! Ni siquiera hay negro en este cuadro. Ni una sola mancha.

         –¿Y de quién es este cuadro, dicho sea de paso? Yo no veo que tenga nombre.

         –Es verdad –dijo Miranda achinando los ojos–. Ni siquiera puedo ver si tiene firma en algún lado. ¿Le preguntamos a alguien?

         –Dale! Me intriga este saber quién hizo esta cosa. Pero andá vos.

         –¿Por?

         –Porque a mí me da vergüenza.

         –¿Cómo te va a dar vergüenza preguntar por el nombre de un cuadro y de su autor?

         –Porque me da miedo la gente. Soy bastante antisocial.

         –¿Y qué hacés acá en este museo entonces? Está lleno de gente.

         –Bueno, alguna vez tenía que intentar salir un poco de mi “cueva”. Además, parece que me llamó el Destino.

         –¿Por?

         –Porque te conocí a vos, Miranda Morrison.

Miranda se puso colorada, resaltando sus intensos ojos de color turquesa que a Finn tanto le habían cautivado cuando la vio por primera vez.

–¡Sos un tarado! –le dijo ella mientras veía que Finn observaba de nuevo el cuadro con atención y señalaba otra parte diferente.

–Che, Miranda, vení y mirá.  

–¿Qué pasó ahora? –preguntó mientras miraba donde Finn le señalaba.

–¡El pajarito negro cambió de posición! Ahora está del otro lado del árbol.

–Finn, ya te dije que no hay ningún pajarito negro en este cuadro. Sólo ese árbol con cara sonriente.

Finn Delcastillo miró con seriedad a Miranda Morrison.

Miranda Morrison estaba por decirle “¡Sos un loco!”, pero esa mirada de Finn estaba cargada de convicción.

–Mejor voy a buscar a alguien del museo de una buena vez y así nos dice si ve o no a ese tan famoso pajarito negro tuyo.

–¡Dale! –Finn fijó de nuevo la mirada en el cuadro –. ¡Carajo! Ahora está en la copa del árbol… ¡y me está mirando!

Miranda enarcó una ceja. Quizás Finn estaba realmente loco y lo mejor era alejarse de él, pero le había caído muy simpático ese muchacho.

Se dio vuelta para ir a buscar a un curador o alguien que supiera de ese cuadro cuando se acordó sintió un gritito ahogado y un viento frío que le golpeó la espalada, en un empujón que casi le hizo perder el equilibrio.

–¿Qué fue eso, Finn? –preguntó intrigada Miranda dándose vuelta hacia en muchacho.

Finn Delcastillo no estaba.

Miranda Morrison se llevó las manos a la boca para tapar el grito de horror.

El cuadro había desaparecido.

Una pluma negra reposaba en el suelo.

 

 

VARTAN GÓMEZ

Domingo 20 de Septiembre de 2026

 

Nota: Con “Finn” se termina lo que denomino “La Hexalogía de la F”, integrada por los cuentos “Fiamma”, “Fiorella”, “Fabiola”, “Fabián” y “Fernando”. Espero que les hayan gustado estas historias. Próximamente se viene la “Trilogía de los Paladines del Universo 14”.

 

Imagen: Vartan Gómez. 

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