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A 37 AÑOS DEL 30 DE OCTUBRE DE 1983

viernes, 30 de octubre de 20200 comentarios

 A continuación transcribo una crónica de aquel 30 de Octubre de 1983, contada cabalmente por los correligionarios de "TrabajadoresImpositivos.org" quienes de manera magistral nos hacen viajar por un túnel del tiempo imaginario a quienes fuimos contemporáneos de aquellos días de la primavera alfonsinista, en aquel entonces daba mis primeros pasos en la militancia radical, militábamos por la vida, por la paz y sobre todo por poder expresarnos con libertad, para ello había elegido a Raúl Alfonsín, aquel gallego de sonrisa franca y transparente que nos impulsó a participar activamente en la vida política de nuestro país. Pasen y lean...

Román Reynoso 

Aldo Neri (ex ministro de salud y acción social), en un reportaje contaba que, el 30 de octubre de 1983 en la quinta de Boulogne mientras aguardaron el resultado de las elecciones, a Don Raúl “Se lo veía tranquilo y preocupado al mismo tiempo; no estaba muy conversador, sino más bien callado”.

Ese día y en ese hombre, callado, tranquilo y preocupado a la vez, ya se podía ver los años que estaban por venir. Ese hombre, habría de pelear contra los militares que resistían los juicios por la represión, contra el progresismo que no toleraba ni comprendía su pragmatismo político ante situaciones críticas, contra la Iglesia que no le perdonaría que hubiera permitido a las parejas separarse si dejaban de amarse, contra los sindicatos de los 13 paros generales, contra la Sociedad Rural que lo abucheó aquel día y a la que le recordó su complicidad con la dictadura, contra el peronismo que, agazapado, esperaba para reemplazarlo, contra el presidente norteamericano Ronald Reagan, a quien se le plantó en los mismísimos jardines de la Casa Blanca.

Habría de pelear contra todos ellos. Algunas batallas las ganará, otras no. Pero al final del derrotero que comenzaría ese día se cumpliría el más grande de todos sus sueños, finalmente se transformaría en el primer presidente democrático que, desde 1928, entregaría el poder a otro presidente democrático, terminando definitivamente el ciclo de golpes militares que interrumpían la democracia.

Alfonsín asumió en 1983, con una promesa: con la democracia se come, se cura y se educa. Fue el hombre que encarnó la ilusión de la transición democrática. Todo era nuevo: la restitución de niños desaparecidos, el acuerdo con Chile por el Beagle, el rock nacional, las revistas porno, los juicios a los represores, las cátedras libres, los periodistas que investigaban hechos de corrupción, la irrupción de la homosexualidad en la vía pública, la marihuana, las películas testimoniales, el regreso de los exiliados. Y cada cual tenía su demanda postergada. Los poderes fácticos, se reacomodaban como podían y presionaban al Presidente en un contexto económico terrible, porque la democracia estaba agobiada por una deuda externa que no había contraído y que la tenía a mal traer. Nadie quería ceder.

A la distancia, es difícil entender cómo ese hombre, ese gobierno, sobrevivieron a tantas cosas. Tenía minoría parlamentaria. Los militares se acuartelaban cada dos por tres. La inflación desbordada. Los sindicatos paraban. Los jóvenes marchaban una y otra vez por el juicio y castigo a los culpables. Y, sobre el final, el gobierno ya no manejaba nada. Los teléfonos no funcionaban. No había suficiente energía, a tal punto que había que programar cortes de luz para racionarla. Los mandos del ejército no respondían a sus jefes naturales.

Tal vez no había manera que el camino que tenía por delante pudiera ser distinto. Una dictadura reprime todas las demandas que una sociedad le presenta… luego, como una factura impaga, el gobierno democrático que le sucede, la debe saldar, Pero ese hombre fue muy claro: hay cosas que no supe, cosas que no pude y cosas que no quise hacer”. Como dice el mexicano Carlos Fuentes, al privilegio de ser Presidente le sigue, siempre, la condena de ser ex presidente.

De aquellos tiempos, quedan muchos sueños realizados. El más importante, el de la democracia, el de la libertad. Ahora se convive con ella como un hecho natural. Pero, entonces, nadie sabía cuánto iba a durar. Quedan también, las obvias frustraciones, por ahora, no se puede aseverar que con la democracia se coma, se cure y eduque.

Un guerrero de la normalización institucional y espejo donde Brasil, Uruguay, Paraguay y Chile encontraron oxígeno para sus avanzadas democratizadoras, que permitió terminar con las dictaduras del continente.

Y de aquel hombre callado, tranquilo y preocupado a la vez, queda un mensaje. Hizo un gobierno cuyos resultados económicos medibles fueron malos. Sin embargo hoy, tanto tiempo después, a cualquiera que se le pregunte, responderá que fue el mejor presidente de la democracia y eso seguramente tiene que ver con que, tal vez el éxito -en el poder y en la vida- consista en no renunciar a los principios, en comportarse de una manera respetable, en no tocar dinero de otras personas; en tener una conducta que, para otra gente, sea como un ejemplo o, por lo menos, no produzca vergüenza.

El día que murió recibió el merecido tratamiento de padre de la democracia.

Trabajemos por un nuevo 30 de octubre de 1983



Fuente: trabajadoresimpositivos.org

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