Por Román Reynoso para Mundo
Norte
La máxima del filósofo chino
vuelve a estar en el centro del debate tras viralizarse en redes sociales. ¿Es
una meta alcanzable o una presión tóxica en el mercado laboral argentino
actual?
La frase resuena en cada
rincón de LinkedIn y en los posteos motivacionales de Instagram: "Elige un
trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida".
Atribuida al pensador chino Confucio, esta sentencia ha sido el estandarte de
la cultura del emprendedurismo y la búsqueda vocacional durante décadas. Sin
embargo, un reciente artículo publicado por TN Sociedad ha puesto nuevamente
sobre la mesa la vigencia de este pensamiento en 2026, abriendo una grieta
entre el idealismo filosófico y la cruda realidad económica de la Argentina.
Como sociedad, hemos comprado
la idea de que el éxito profesional es sinónimo de pasión absoluta. La premisa
sugiere que si uno logra monetizar su hobby o su vocación, el esfuerzo
desaparece mágicamente. Pero los especialistas en salud ocupacional y psicología
laboral advierten sobre el peligro de esta simplificación. En un contexto donde
la precarización y la inestabilidad son monedas corrientes, exigirle al empleo
que sea una fuente inagotable de placer puede derivar en una profunda
frustración.
La trampa del "trabajo
soñado"
El problema no radica en la
búsqueda del bienestar, sino en la expectativa desmedida. Al convertir una
pasión en una obligación contractual, con horarios, jefes y objetivos de
facturación, se corre el riesgo de matar el disfrute. Es lo que en psicología se
conoce como el "efecto de sobrejustificación": cuando una motivación
intrínseca (hacer algo porque nos gusta) se ve desplazada por una extrínseca
(hacerlo por dinero), el interés original tiende a decaer.
Además, la realidad argentina
impone un filtro pragmático. Según datos recientes del mercado laboral, un gran
porcentaje de la población activa prioriza la estabilidad salarial y la
cobertura de salud por sobre la realización personal plena. En este escenario,
la frase de Confucio puede leerse casi como un privilegio de clase. No todos
pueden darse el lujo de elegir; para la inmensa mayoría, el trabajo es un medio
de subsistencia, no un fin en sí mismo.
Burnout y la romantización del
esfuerzo
Paradójicamente, quienes
logran trabajar de lo que aman son a menudo los candidatos ideales para el burnout
o síndrome del "quemado". La falta de límites claros entre la vida
personal y la laboral —típica en profesiones creativas o emprendedores— hace
que el individuo nunca se desconecte. Si "no trabajas ni un día",
significa que estás siempre activo, siempre produciendo, siempre disponible.
La nota de TN acierta al
recuperar este debate histórico. La sabiduría de Confucio no debe descartarse,
pero sí reinterpretarse. Quizás el objetivo no sea que el trabajo deje de
sentirse como tal, sino encontrar un equilibrio donde la tarea dignifique y permita
el desarrollo personal sin fagocitar la identidad completa del individuo. En
tiempos de incertidumbre, encontrar sentido en lo que hacemos —aunque no sea
nuestra pasión devoradora— es, quizás, el verdadero éxito.
El desafío para el trabajador
argentino de hoy no es negar el esfuerzo, sino gestionarlo para que sea
sostenible en el tiempo, con o sin la bendición de Confucio.
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