Desde su descanso en la playa,
la influencer dialogó en exclusiva con Mundo Norte. Entre confesiones sobre su
"maldición" en el amor y la desmentida de romances falsos, marca la
cancha: "Si puedo darme todos los gustos, ¿por qué esperaría menos?".
La anécdota de la cita fallida, el "detox" de redes y la prioridad de
facturar antes que formar familia.
Por Román Reynoso para Mundo
Norte
Hay figuras que entienden el
juego mediático y otras que, simplemente, tienen magnetismo. Florencia Lou
pertenece al segundo grupo. Es una de las personalidades más pedidas por los
lectores de la Zona Norte y, fiel a su estilo —a veces misterioso, a veces
brutalmente honesto—, decidió romper el silencio en un mano a mano exclusivo
con este medio. Desde sus vacaciones, donde busca recargar su "batería
social" tras un año de altas y bajas, la modelo no se guardó nada: su
situación sentimental, las exigencias para quien quiera conquistarla y los
rumores que la rodean.
La "maldición" y la
vara alta
"Es re loco, es una
maldición, te juro. Siempre pasa lo mismo: cuando viajo y hablamos, estoy
soltera", confiesa entre risas, confirmando que su
estado civil sigue siendo "sin compromisos", aunque con matices.
Lejos de la desesperación, Lou se muestra plantada en una madurez emocional que
no negocia.
"Hoy en día no estoy para
estar enseñando a nadie cómo tienen que tratarme",
dispara con firmeza. Y profundiza en un concepto que resuena mucho en las
redes: "Siempre dije: si yo puedo darme todos los gustos, ¿por qué
esperaría menos? No es ser interesada, yo no necesito de nadie, pero sí me
gustaría alguien que esté conmigo que resuelva. Necesito que esté al
mismo nivel que yo. Y cuando hablo de nivel no hablo de dinero, hablo de
lealtad, valores y respeto. ¿No pido mucho o sí?".
Caballerosidad vs.
Materialismo
En tiempos de relaciones
efímeras y chats interminables, Florencia reivindica el romanticismo de la
vieja escuela. "Estuve conociendo a una persona que tenía detalles re
lindos: me abría la puerta del auto al entrar, me regalaba chocolates, o un oso
de peluche más grande que yo cuando me veía. Esos son los detalles que a una
mujer le gustan", recuerda.
Sin embargo, hace una
distinción tajante entre el detalle afectivo y el intento de "compra"
material. "He tenido gente que me ha regalado cadenitas o viajes... y
nunca lo acepté. A veces la gente, por impresionarme, va a lo material. Lo peor
es que si a mí no me tratás bien, no me interesa qué detalles tengas; de viaje
me voy sola si quiero", sentencía desde la playa, disfrutando de su
propia compañía.
La prueba de fuego: el trato
al mesero
A la hora de una cita, Lou
tiene un radar infalible para detectar "red flags" (banderas rojas).
No se fija solo en la estética, sino en la transparencia y en el comportamiento
social. "Observo mucho las metas que tiene la persona, cómo me trata
desde que me busca hasta que me deja. Pero, sobre todo, cómo trata al
mesero", revela.
Y comparte una anécdota que la
pinta de cuerpo entero: "Me ha pasado que tratan mal al mesero. Me
levanté y me fui, te lo juro. A veces la gente, porque tiene plata, trata mal a
los demás y no tolero eso. Me gusta que sean transparentes y que me demuestren
interés real".
Rumores, redes y futuro
La influencer también
aprovechó el contacto con Mundo Norte para desmentir categóricamente los
rumores recientes sobre su vida amorosa. "Ese noviazgo que inventaron
era mentira. Jamás ocultaría a una persona; las veces que estuve de novia subía
fotos. Pasa que yo desaparezco y me inventan una vida. Falta que inventen un
bebé", dice con humor, y agrega una frase lapidaria: "El aire
es gratis, la gente habla".
Esa desaparición de las plataformas digitales tiene una explicación lógica: salud mental. "Llegó un momento que las redes me agotaron, me quedé sin batería social. A veces me agota el personaje y necesito tiempo para mí, volver a ser Florencia".
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