Por Román Reynoso para Mundo
Norte
La startup Laburen.com marca
un quiebre en la matriz productiva regional: con más de 3.000 agentes activos,
la firma demuestra con números duros cómo la automatización dejó de ser un
soporte para convertirse en la nueva infraestructura comercial.
El mercado laboral argentino,
históricamente pendular y sujeto a los vaivenes de la coyuntura, se encuentra
frente a un punto de inflexión que ya no es teórico, sino fáctico. La irrupción
de la inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una promesa de power
point para convertirse en un motor de eficiencia con métricas contundentes.
Un caso testigo de esta transformación lo protagoniza la startup cordobesa Laburen.com,
que ha puesto sobre la mesa un dato que inquieta tanto como fascina a los
analistas económicos: un solo agente de IA es capaz de absorber la carga
laboral equivalente a 20 empleados humanos full-time.
Según información relevada por
InfoNegocios, la compañía dirigida por Rinaldi (CEO) ya opera con
más de 3.000 agentes activos en toda Latinoamérica, prestando servicios a unas
400 empresas de sectores tan disímiles como el automotriz, la logística, el real
estate y los servicios profesionales. Pero, ¿dónde radica el verdadero
cambio de paradigma? En que la tecnología ha dejado de funcionar como un mero
"asistente" para transformarse en "infraestructura".
El caso testigo: 10 días para
cambiar la historia
Para entender la magnitud del
impacto, es necesario ir a los números finos, esos que no mienten. En una
prueba de campo realizada con una importante firma de la industria automotriz
en Córdoba, los resultados en apenas 10 días de operación fueron lapidarios en
términos de eficiencia:
- Volumen: El agente
gestionó más de 1.000 conversaciones y procesó 19.000 mensajes reales.
- Equivalencia:
Ese volumen de procesamiento igualó la capacidad operativa de una veintena
de personas trabajando a tiempo completo.
- Rentabilidad:
Se generaron más de US$ 9.000 en ingresos directos, capitalizando
oportunidades en franjas horarias donde la atención humana era
inexistente.
Aquí subyace una clave que a
menudo se pasa por alto en el debate superficial sobre "máquinas vs.
humanos": la IA no solo hace lo mismo más rápido, sino que opera donde el
humano no llega, recuperando procesos que antes se cortaban y derivaban en
capital muerto.
El factor humano y la
reingeniería de roles
No obstante, sería un error de
lectura periodística asumir que esto implica la desaparición lisa y llana del
factor humano. Desde Laburen.com enfatizan un diferencial crítico: la auditoría
presencial. La implementación de estos "super agentes" requiere una
reingeniería de los equipos de trabajo.
Como bien señala Rinaldi, la
inteligencia artificial modifica la naturaleza de la tarea. El empleado deja de
ser un ejecutor de respuestas seriales para pasar a roles de supervisión, carga
de datos estratégicos y, fundamentalmente, toma de decisiones. La máquina
procesa; el humano discierne.
De cara a este 2026, la firma proyecta quintuplicar su operación, consolidando una tendencia que ya es irreversible. Estamos ante una nueva era donde la competitividad de las empresas argentinas dependerá, en gran medida, de su capacidad para ensamblar estos híbridos organizacionales. La pregunta ya no es si la IA reemplazará tareas, sino qué tan rápido nos adaptaremos a liderar a los agentes que las ejecutan.
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