Un análisis técnico de IDESA
advierte que el programa nacional de vouchers no genera una ruptura, sino que
se superpone a un sistema histórico donde las provincias ya costean gran parte
de la educación privada. Por qué el subsidio no alcanza para cambiar de escuela
y el desafío de ordenar las cuentas entre Nación y las provincias.
POR ROMÁN REYNOSO
El debate público sobre la
educación en Argentina ha quedado atrapado recientemente en una única palabra:
"voucher". Sin embargo, un nuevo informe técnico de EduLab (IDESA)
pone sobre la mesa una realidad que la discusión política suele omitir: en la
Argentina, el Estado ya financia masivamente a la educación privada, y el nuevo
programa nacional apenas funciona como una capa extra sobre un sistema que
necesita ordenarse, no duplicarse.
Según el relevamiento, la
discusión de fondo no es si el Estado debe financiar la demanda o la oferta,
sino cómo evitar las duplicaciones actuales que carecen de coordinación.
El mito del financiamiento
único
Históricamente, la Argentina
utiliza un esquema de financiamiento a la oferta. Esto significa que el
Estado transfiere recursos directamente a las instituciones (escuelas de
gestión privada) para cubrir salarios y costos. Aunque formalmente el dinero va
al colegio, en la práctica funciona como un "subsidio indirecto a la
demanda", ya que al cubrir estos costos, la cuota baja y permite que las
familias de clase media accedan a ese servicio.
Los números son elocuentes:
- El 73% de los estudiantes asiste a
escuelas estatales.
- El 22% va a privadas con subvención
estatal.
- Solo el 5% asiste a privadas sin
subvención.
Esto demuestra que el circuito
privado "accesible" es, en realidad, un sistema sostenido por fondos
públicos provinciales.
La disparidad federal: ¿cuánto
paga el Estado por un alumno privado?
Uno de los datos más
reveladores del informe es la relación del gasto público. En el promedio
nacional, por cada $100 pesos que el Estado destina a un alumno de escuela
estatal, destina $55 a un alumno de escuela privada subvencionada.
Sin embargo, este promedio
esconde profundas desigualdades federales. Mientras que en provincias como Santa
Cruz el subsidio al alumno privado supera al del estatal (114 pesos por
cada 100), en la Ciudad de Buenos Aires la cifra cae a 38 pesos por cada
100 invertidos en la gestión estatal.
El Voucher Nacional:
contención, no revolución
El programa "Vouchers
Educativos" implementado por la Nación introduce una lógica distinta: el financiamiento
explícito a la demanda. El dinero va a la familia, no a la escuela. Pero,
¿cambia esto el mapa educativo?
El informe de IDESA es
categórico: el programa actual no produce un reordenamiento masivo de la
matrícula. Al tener un techo de cobertura (50% de la cuota de jornada
simple con topes), el dinero sirve para aliviar el bolsillo de quien ya
manda a su hijo a una privada, pero no alcanza para que una familia de la
escuela pública pueda dar el "salto de segmento" hacia la privada.
El voucher funciona hoy como
una herramienta de contención ante el aumento de cuotas, evitando que las
familias se caigan del sistema privado, pero no genera una verdadera
"libertad de elección" para quienes están fuera de él.
El problema de la
superposición
El resultado final es una
superposición de roles: sobre una misma escuela conviven el subsidio provincial
(histórico y estructural) y el voucher nacional (coyuntural). Esto genera
ineficiencias. IDESA advierte que la educación básica es responsabilidad de las
provincias y que la intervención de la Nación, superponiendo subsidios, no
resuelve los problemas de fondo.
Para que exista una verdadera libertad de elección que incluya a los sectores más vulnerables, se requeriría un rediseño total: montos mucho más altos que cubran el costo real de la educación y reglas claras de admisión, algo que el sistema actual, montado sobre parches, todavía no ofrece.
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