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01/01/26

El infierno después de la fama: la dramática confesión de Romina Uhrig sobre sus adicciones tras Gran Hermano

Por Román Reynoso para Mundo Norte

La exdiputada kirchnerista rompió el silencio en una entrevista a corazón abierto y reveló detalles escalofriantes sobre su paso por la noche porteña, el consumo de éxtasis y la depresión que enfrentó al salir del reality. "Entrás en una felicidad y luego en un vacío", aseguró.



La exposición mediática suele ser un arma de doble filo, y pocos lo saben tan bien como aquellos que han pasado por la casa más famosa del país. En las últimas horas, Romina Uhrig, una de las figuras más destacadas de una edición reciente de Gran Hermano, sacudió al mundo del espectáculo con una confesión que nadie esperaba. En diálogo con el ciclo Infama (América), la exhermanita relató el calvario que vivió tras abandonar el aislamiento, admitiendo problemas de adicciones y una profunda depresión.

"No quería que se terminara más la noche", fue la frase que resonó con crudeza en el estudio, pintando de cuerpo entero la vorágine en la que se vio envuelta. Uhrig, quien siempre se mostró como una madre dedicada y una mujer de carácter fuerte dentro del juego, reveló que la fragilidad la golpeó cuando las cámaras se apagaron y las luces de la noche se encendieron.

La trampa de la noche y las "malas compañías"

Según detalló la propia protagonista, el desenfreno comenzó casi de inmediato tras su salida del certamen. "En los 35 años de vida no había hecho lo que hice en esos dos años. Me encontré con muchísima gente y ahí fui muy frágil", explicó con visible angustia. La exlegisladora confesó haber incursionado en el consumo de pastillas y MD (éxtasis), sustancias que, según sus palabras, se volvieron un requisito indispensable para sus salidas: "La verdad nunca me animé a probar nada más, pero no quería salir si no tenía eso. Empezaba a buscar y, si no conseguía, me ponía agresiva".

En un pasaje clave de la entrevista, Uhrig apuntó contra el entorno que la rodeaba en ese momento, señalando a una "persona puntual del medio" como facilitadora. "En el momento decís 'gracias' porque te invitan cosas. Y todo era alegría, ya pensaba en el finde siguiente", relató, describiendo el ciclo vicioso de euforia ficticia y posterior caída.



Del éxtasis al vacío: la salud mental en jaque

El relato de Romina no solo se quedó en el consumo, sino que profundizó en las consecuencias devastadoras para su psiquis. "Entrás en una felicidad y luego entrás en un vacío. Tuve depresión y ataques de pánico", confesó. La situación llegó a tal límite que su entorno más cercano tuvo que intervenir. Fue una amiga quien le recomendó asistencia psiquiátrica, lo que derivó en un tratamiento con medicación para estabilizarla.

Incluso recordó momentos en el streaming Se Picó, conducido por Gastón Trezeguet, donde su actitud "demasiado tranquila" llamaba la atención de sus compañeros, producto de los fármacos que estaba ingiriendo para controlar su ansiedad.

El dolor de la madre detrás del personaje

Quizás el punto más sensible de su testimonio fue cuando se refirió a sus tres hijas. "Me cuido mucho, amo a mis hijas, sé la madre que soy... Entonces para mí eso fue fuerte y lamentablemente no lo pude manejar", admitió entre lágrimas. La culpa de haber perdido el control, a pesar de "creerse fuerte", fue uno de los motores que, paradójicamente, hoy la impulsan a contar su verdad ya recuperada.

Esta revelación pone nuevamente en el foco de la discusión el post-reality y la falta de contención que muchas veces sufren los participantes al enfrentarse a la fama repentina. Hoy, Romina asegura haber "salido de toda esa porquería", pero su testimonio queda como una advertencia contundente sobre los costos ocultos de la popularidad efímera.

 

Roman Reynoso 2026

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