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05/01/26

El turismo al exterior desnuda la falta de competitividad argentina: por qué faltan dólares y sobran trabas

Por Román Reynoso para Mundo Norte

La discusión sobre la salida de divisas por turismo ha vuelto a instalarse en la agenda pública, pero esta vez con un enfoque que busca romper con viejos paradigmas. Lejos de la demonización del viajero que decide vacacionar fuera del país, un reciente informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) pone el dedo en la llaga de un problema estructural: la Argentina no sufre por los dólares que se van, sino por los que no entran debido a su alarmante falta de competitividad.



El Ministro de Desregulación ha planteado recientemente que el turismo emisivo no debe ser visto como un derroche. La teoría económica sugiere que una mayor demanda de dólares debería presionar su valor al alza, incentivando así las exportaciones. Sin embargo, para que esta ecuación cierre, es condición sine qua non que el mercado cambiario opere con libertad, sin las intervenciones estatales que históricamente han distorsionado los precios relativos en nuestro país.

La asimetría regional: un dato que preocupa

Los números del INDEC, analizados por IDESA para el período enero-noviembre de 2025, son contundentes y revelan una balanza turística profundamente deficitaria con nuestros vecinos. Mientras que 3,1 millones de argentinos cruzaron la frontera hacia Brasil, apenas un millón de brasileños hicieron el camino inverso. La ecuación se repite con Chile (2,3 millones de argentinos allá contra 647 mil chilenos acá) y Uruguay (1,4 millones de salidas frente a 700 mil llegadas).

Resulta paradójico que Brasil, con una población inmensamente mayor, aporte tan pocos visitantes, o que países con mayor poder adquisitivo como Chile y Uruguay no inunden nuestras plazas turísticas. La respuesta, lamentablemente, no es un misterio: la Argentina se ha vuelto un destino hostil para el visitante, no por su gente o sus paisajes, sino por su infraestructura y sus costos.

Competitividad: la verdadera batalla

El informe es lapidario al enumerar las razones de esta baja receptividad. La falta de conectividad aérea —con una aerolínea de bandera costosa y low cost que operan con dificultades—, sumada a la conflictividad gremial que paraliza aeropuertos, son solo la punta del iceberg. A esto se le agrega un transporte público deficiente hacia las ciudades, rutas en mal estado y una presión impositiva asfixiante que encarece los bienes y servicios domésticos.

A diferencia del IVA, que puede ser devuelto al turista extranjero, la cascada de impuestos nacionales, provinciales y municipales que cargan los precios locales no tiene reintegro posible. Esto genera que, incluso con un tipo de cambio alto, la Argentina sea "cara" en términos de calidad-precio.

La conclusión es clara: la escasez de dólares no se resuelve con más cepo ni con autarquía, recetas que ya han demostrado su fracaso. El desafío pasa por atacar los factores de fondo —infraestructura, regulaciones, impuestos— que hoy impiden que nuestra industria turística, y la economía en general, jueguen en las grandes ligas. No es culpa del argentino que viaja; es responsabilidad de un entorno que desalienta al que quiere venir.


Roman Reynoso 2026

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