Por Román Reynoso para Mundo
Norte
La tensión en el peronismo
bonaerense ha dejado de ser una disputa de palacio para convertirse en una
guerra de trincheras administrativa y judicial. En la madrugada de este último
sábado, y con una demora que alimentó todo tipo de suspicacias, la Junta
Electoral del Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires
oficializó finalmente los padrones para las elecciones internas del próximo 15
de marzo de 2026. Sin embargo, lo que debía ser un trámite burocrático
destapó la olla de la discordia: la situación de La Matanza, el distrito
electoral más grande del país, ha quedado "sujeta a aprobación
judicial", marcando el punto de no retorno en la relación entre el
gobernador Axel Kicillof y la conducción partidaria encabezada por Máximo
Kirchner.
Según confirmaron fuentes
directas de la sede de la calle Matheu a este periodista, la Resolución N°2
de la Junta Electoral —publicada el 23 de enero— detectó una anomalía que
encendió todas las alarmas en el camporismo: el volumen de nuevas afiliaciones
en La Matanza superó ampliamente el límite del 5% permitido por la Carta
Orgánica sin una justificación administrativa clara. Este movimiento, que
algunos en el Instituto Patria leen como una maniobra del "axelismo"
(en tándem con la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando
Espinoza) para blindar su bastión, ha sido frenado en seco por la Junta, que
decidió exhibir esos padrones como "complementarios" y dejar la
validación final en manos de la Justicia Electoral.
¿Qué se juega realmente? No
son solo nombres en una lista; es el control de la estructura que definirá las
candidaturas de 2027. La Cámpora, a través de alfiles como Facundo
Tignanelli, busca disputarle el territorio a los barones del conurbano que
hoy se alinean, por supervivencia o convicción, detrás de la figura del
Gobernador Kicillof.
El cronograma ahora aprieta
como un zapato chico. Con la extensión del plazo de observaciones hasta el 29
de enero y el cierre de listas fijado para el 8 de febrero, el
margen de negociación es mínimo. En los pasillos de la Gobernación de La Plata
se habla de "proscripción encubierta" si se caen las nuevas
afiliaciones, mientras que desde la conducción del PJ denuncian la circulación
de "padrones truchos" y maniobras irregulares para inflar la base
electoral.
La política bonaerense entra en zona de definición. Si no hay acuerdo —y hoy las posturas están más cerca de la ruptura que del consenso—, la interna del 15 de marzo no será una fiesta democrática, sino la medición de fuerzas definitiva para ver quién tiene la lapicera: si la caja y la gestión de Kicillof o el aparato orgánico de Máximo Kirchner. Como siempre en el peronismo, la sangre no llegará al río hasta que se cuente el último aval, pero en La Matanza, el dique ya muestra grietas.
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