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26/01/26

¿Por qué el ajuste fiscal ya no alcanza para sanear la economía?

Por Román Reynoso para Mundo Norte.

El cierre del ejercicio fiscal 2025 dejó una cifra que, en otro contexto de la historia argentina, parecería una utopía: un superávit financiero del 0,2% del PBI. Sin embargo, detrás de la frialdad de los números que celebra el Palacio de Hacienda, se esconde una realidad que los especialistas comienzan a advertir con firmeza: la estrategia de la "motosierra" y la licuación de partidas por inflación está llegando a su límite biológico.



Un reciente informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) pone el foco en la vulnerabilidad de este equilibrio. Si bien el contraste con el déficit de -2,9% del PBI heredado de 2023 es notable y meritorio, el sostenimiento de estas cuentas se apoya en pilares que son, por definición, distorsivos y poco sostenibles en el tiempo. El uso de impuestos nocivos como el de cheques y las retenciones a las exportaciones (que representan un 2% del PBI) y la drástica caída de la inversión pública (0,9% del PBI) son las señales de alerta que el Gobierno no debería ignorar si busca una estabilidad de largo plazo.

El diagnóstico es claro: para que el equilibrio fiscal no sea solo un veranito estadístico, es imperativo pasar del ajuste discrecional al ordenamiento institucional. Esto implica, necesariamente, meterse con el "nervio" del sistema federal argentino. El informe de IDESA sugiere que el camino no es seguir recortando sobre lo recortado, sino avanzar en una coordinación tributaria y de responsabilidades entre la Nación y las provincias.

Uno de los puntos más ambiciosos de esta propuesta de ordenamiento es la eliminación de solapamientos tributarios. La idea de un "Súper IVA" que absorba el arcaico y distorsivo impuesto a los Ingresos Brutos y las tasas municipales es una reforma que el sector productivo reclama hace décadas. Asimismo, delimitar las competencias de infraestructura —dejando lo interprovincial para la Nación y lo local para las jurisdicciones menores— evitaría la duplicidad de gastos y la ineficiencia operativa.

Por último, el frente previsional sigue siendo la gran asignatura pendiente. Sin un ordenamiento que abarque tanto la caja nacional como las provinciales, cualquier ahorro presente es una deuda futura latente. El desafío para la gestión actual es transformar el éxito del ajuste fiscal en una reforma estructural del Estado que sea funcional a una economía moderna, integrada al mundo y, por sobre todo, previsible.


Roman Reynoso 2026

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