Por Román Reynoso para Mundo
Norte.
El cierre del ejercicio fiscal
2025 dejó una cifra que, en otro contexto de la historia argentina, parecería
una utopía: un superávit financiero del 0,2% del PBI. Sin embargo, detrás de la
frialdad de los números que celebra el Palacio de Hacienda, se esconde una
realidad que los especialistas comienzan a advertir con firmeza: la estrategia
de la "motosierra" y la licuación de partidas por inflación está
llegando a su límite biológico.
Un reciente informe del
Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) pone el foco en la
vulnerabilidad de este equilibrio. Si bien el contraste con el déficit de -2,9%
del PBI heredado de 2023 es notable y meritorio, el sostenimiento de estas cuentas
se apoya en pilares que son, por definición, distorsivos y poco sostenibles en
el tiempo. El uso de impuestos nocivos como el de cheques y las retenciones a
las exportaciones (que representan un 2% del PBI) y la drástica caída de la
inversión pública (0,9% del PBI) son las señales de alerta que el Gobierno no
debería ignorar si busca una estabilidad de largo plazo.
El diagnóstico es claro: para
que el equilibrio fiscal no sea solo un veranito estadístico, es imperativo
pasar del ajuste discrecional al ordenamiento institucional. Esto implica,
necesariamente, meterse con el "nervio" del sistema federal argentino.
El informe de IDESA sugiere que el camino no es seguir recortando sobre lo
recortado, sino avanzar en una coordinación tributaria y de responsabilidades
entre la Nación y las provincias.
Uno de los puntos más
ambiciosos de esta propuesta de ordenamiento es la eliminación de solapamientos
tributarios. La idea de un "Súper IVA" que absorba el arcaico y
distorsivo impuesto a los Ingresos Brutos y las tasas municipales es una reforma
que el sector productivo reclama hace décadas. Asimismo, delimitar las
competencias de infraestructura —dejando lo interprovincial para la Nación y lo
local para las jurisdicciones menores— evitaría la duplicidad de gastos y la
ineficiencia operativa.
Por último, el frente previsional sigue siendo la gran asignatura pendiente. Sin un ordenamiento que abarque tanto la caja nacional como las provinciales, cualquier ahorro presente es una deuda futura latente. El desafío para la gestión actual es transformar el éxito del ajuste fiscal en una reforma estructural del Estado que sea funcional a una economía moderna, integrada al mundo y, por sobre todo, previsible.
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