Por Román Reynoso para Mundo Norte
La histórica dicotomía argentina
entre proteccionismo y apertura económica vuelve a estar en el centro del
debate, esta vez con datos contundentes que ponen en duda la eficacia de las
barreras arancelarias en el sector textil. Según un reciente informe del
Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), basado en cifras del
INDEC y la Secretaría de Trabajo, el blindaje comercial que caracterizó a la
industria en los últimos años no solo resultó en un encarecimiento
desproporcionado de la vestimenta, sino que fracasó en su objetivo primordial:
sostener el empleo de calidad.
El análisis revela una radiografía
alarmante de la degradación laboral en el sector. Mientras que en 2012 la
industria contaba con 118 mil asalariados registrados, para el año 2025 esa
cifra se desplomó a apenas 97 mil. En contraste, la informalidad y el
cuentapropismo ganaron terreno, pasando de 204 mil trabajadores no registrados
en 2012 a 248 mil en la actualidad. Esta tendencia demuestra que el empleo
textil en Argentina hoy sobrevive mayoritariamente bajo la sombra de la
precariedad.
Uno de los puntos más críticos
señalados por IDESA es el impacto directo en el bolsillo de los consumidores.
Entre diciembre de 2019 y noviembre de 2023, el rubro prendas de vestir dentro
del Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó un 47% por encima de la
inflación general. Este dato desarma el argumento de que el proteccionismo es
una "inversión" para el desarrollo nacional, sugiriendo en cambio que
se ha traducido en ropa más cara para las familias a cambio de generar puestos
de trabajo informales y salarios que perdieron un 31% de su poder adquisitivo
real en la última década.
El informe concluye que la solución
no reside en la simple apertura o en el cierre de fronteras, sino en un
ordenamiento profundo del sistema tributario y laboral. La carga de impuestos
distorsivos como Ingresos Brutos, Sellos y tasas municipales castiga con mayor
dureza a la producción nacional frente a los productos importados, que solo
tributan IVA. Sin una modernización que brinde seguridad jurídica y
competitividad, la industria textil seguirá atrapada en un ciclo de
informalidad y pérdida de relevancia en el mercado global.
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