Por Román Reynoso para Mundo
Norte
Es la pregunta que muchos se
hacen el día después o, peor aún, antes de agarrar las llaves del auto. La
ciencia es clara y no negocia con mitos urbanos: ni la ducha fría ni el
ejercicio aceleran un proceso hepático que tiene sus propios tiempos.
En un país con una cultura
social tan arraigada como la nuestra, donde el asado y la sobremesa suelen
estar acompañados de vino o cerveza, el desconocimiento sobre cómo procesa el
cuerpo el alcohol puede ser fatal. Más allá de la sensación subjetiva de "sentirse
bien", la biología tiene sus propias reglas. Con la normativa de Alcohol
Cero vigente en gran parte del territorio argentino, entender los tiempos
de metabolización no es solo una cuestión de salud, sino de responsabilidad
cívica y legal.
El hígado: el verdadero filtro
Contrario a la creencia
popular, el alcohol no se elimina mágicamente por la orina o el sudor en su
totalidad. El hígado es el responsable de metabolizar más del 90% del alcohol
que ingerimos. El problema radica en que este órgano trabaja a una velocidad
constante y limitada, que no se puede apresurar.
Los expertos en toxicología
coinciden en un dato clave: el hígado metaboliza aproximadamente entre 0,12
y 0,15 gramos de alcohol por litro de sangre por hora. Esto equivale, en
promedio, a una bebida estándar cada 60 o 90 minutos. Si bebemos más rápido de
lo que el hígado puede procesar, el alcohol se acumula en el torrente sanguíneo
y la intoxicación aumenta.
Los tiempos de detección: la
verdad de los números
Si bien cada organismo es un
mundo, los análisis toxicológicos manejan ventanas de detección precisas que
derriban el mito de que "dormir un par de horas" soluciona todo.
Según los consensos médicos actuales, el alcohol permanece detectable en el
cuerpo durante los siguientes lapsos:
- En sangre:
Es donde más rápido se manifiesta, pero puede detectarse hasta 6 horas
después de haber dejado de beber.
- En el aliento:
Es lo que miden los controles de alcoholemia en las rutas. El alcohol
puede permanecer en el aire espirado entre 12 y 24 horas.
- En orina:
Aquí la huella es más duradera, pudiendo aparecer rastros entre 12 y 24
horas después del consumo, e incluso más en pruebas de laboratorio
específicas.
- En cabello:
Aunque es una prueba poco frecuente para controles de tránsito, el pelo
guarda la "memoria" del consumo hasta por 90 días.
Factores que alteran la
ecuación
No todos procesamos el alcohol
igual. Existen variables biológicas determinantes:
1. Género: Las
mujeres suelen tener una menor proporción de agua en el cuerpo y menos enzimas
deshidrogenasas, lo que hace que alcancen mayores concentraciones de alcohol en
sangre con la misma cantidad de bebida que un hombre.
2. Peso y
edad: A menor peso, mayor concentración. Además, con los años,
la capacidad del hígado disminuye.
3. El
estómago vacío: Beber sin comer es, sencillamente, acelerar la
intoxicación. Los alimentos en el estómago actúan como una barrera que
ralentiza la absorción.
Basta de mitos: el café no te
salva
Es hora de desterrar las
"soluciones mágicas". Tomar café cargado, darse una ducha helada,
correr o beber litros de agua no reducen la concentración de alcohol en
sangre. Pueden espabilarte o quitarte la sensación de sueño (combatiendo el
efecto sedante del etanol), pero la alcoholemia seguirá siendo positiva hasta
que el hígado termine su trabajo.
La sensación de lucidez tras
un café es engañosa y peligrosa: el conductor cree que está apto para manejar,
pero sus reflejos siguen mermados y, ante un control, el resultado será
positivo.
En conclusión, la única cura real para bajar el alcohol es el tiempo. Si vas a manejar, la cuenta es simple y no admite especulaciones: cero alcohol.
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