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07/01/26

La trampa del rendimiento perpetuo: por qué Byung-Chul Han asegura que somos los verdugos de nuestra propia felicidad

Por Román Reynoso para Mundo Norte

En una Argentina donde la coyuntura exige una adaptación constante y el reloj parece correr siempre un paso adelante de nuestras posibilidades, las reflexiones del filósofo surcoreano Byung-Chul Han resuenan con una vigencia escalofriante. No es la economía, ni la política, ni siquiera el jefe de turno lo que nos está consumiendo; según el pensador contemporáneo más citado del momento, el enemigo duerme en casa. O mejor dicho, somos nosotros mismos.



En su análisis más reciente, recogido por el medio Vanitatis, Han profundiza sobre la tesis central de su obra La sociedad del cansancio: hemos transitado, casi sin darnos cuenta, de una sociedad disciplinaria —aquella del "deber" impuesto por instituciones externas— a una sociedad del rendimiento, regida por el "poder". Pero este "poder hacer" no es liberador; es una condena.

La autoexigencia como nuevo capataz

Lo que Han plantea es un cambio de paradigma brutal en la psiquis colectiva. Ya no necesitamos un sistema opresor visible que nos obligue a trabajar más. El sujeto moderno se ha convertido en su propio vigilante y, a la vez, en su propio explotador. La frase que define nuestra era no es "tengo que obedecer", sino "tengo que poder con todo".

Esta dinámica genera una paradoja cruel, especialmente palpable en sociedades hiperconectadas como la nuestra: cuanto más se esfuerza el individuo por alcanzar sus metas, mayor es la sensación de insuficiencia. El éxito se vuelve un horizonte que se aleja a medida que caminamos hacia él. El resultado clínico de esta carrera sin línea de meta es el estrés crónico, el burnout y una depresión que, según el filósofo, es la enfermedad característica de una sociedad intoxicada de "excesiva positividad".



El fin de la pausa

Otro punto crítico que destaca el análisis de Han es la desaparición del tiempo contemplativo. En el afán de productividad, hemos eliminado los espacios de pausa, esos momentos de "no hacer nada" que son vitales para el equilibrio mental. La hiperactividad se ha comido al ocio real; incluso nuestro tiempo libre se ha convertido en otra tarea a optimizar (ver series, entrenar, mostrarse feliz en redes).

La incapacidad para detenerse refuerza la ansiedad de llegar siempre tarde a la propia vida. La felicidad, entonces, deja de ser una vivencia presente para transformarse en una meta futura, un check más en la lista de pendientes que nunca llegamos a tachar.



Como sociedad, y especialmente desde nuestra realidad local vertiginosa, la advertencia de Byung-Chul Han nos obliga a replantearnos: ¿estamos persiguiendo nuestros sueños o simplemente corriendo en una rueda de hámster que nosotros mismos alimentamos? La respuesta, quizás, empiece por atreverse a parar.


Roman Reynoso 2026

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